Domingo, 13 de Junio 2021

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Bendecida por un entorno natural espectacular y dueña de un patrimonio cultural inmenso, esta urbe es un imán para los turistas

Por: Francisco González

Belleza absoluta. El Templo de Santo Domingo siempre ofrece su mejor rostro a los paseantes. ESPECIAL

Belleza absoluta. El Templo de Santo Domingo siempre ofrece su mejor rostro a los paseantes. ESPECIAL

Hay algo en Oaxaca que siempre acaricia el alma. Una sensación que se escapa a toda descripción escrita por más precisa que busque ser, pero que se percibe cuando comienzas a recorrer esta antigua ciudad de corazón de cantera verde. Al caminarla tus pues pueden sentir a esta metrópoli de vibra nostálgica que se engancha a la mente de quienes la recorremos por primera vez y nos hará querer volver siempre. 

Tierra de guerreros, sacerdotes, poetas, místicos y maestros, Oaxaca de Juárez, la antigua “Verde Antequera”, es también un nudo de culturas y viajeros. Aparece siempre entre los destinos a conocer más anhelados por los mexicanos y extranjeros. Desde los que vienen a buscar la mejor gastronomía hasta aquellos que están listos para zambullirse en sus tradiciones, bailes y colores. Esta ciudad nació para sorprender a quienes la encuentran y mostrar un rostro distinto en cada visita.

Catedral de Oaxaca. Con una bella arquitectura, donde predomina el suave color verde de su cantera. ESPECIAL

Todo comienza en el Centro

El Centro de Oaxaca posee varias joyas arquitectónicas que robarán el aliento del viajero primerizo y los aventureros veteranos por igual. El corazón de la ciudad, nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, agrupa magníficos ejemplos de la arquitectura virreinal, especialmente en cuanto a edificios religiosos.

El principal para muchos es el templo de Santo Domingo de Guzmán, con una hermosa portada de tres cuerpos y remate. En el interior encontramos magníficos trabajos artísticos que sintetizan a la perfección el sincretismo religioso del México virreinal. La cosmogonía católica e indígena se abrazan y se vuelven una sola, como lo podemos apreciar en el espectacular decorado del techo y el bello altar que corona el recinto.

Al exterior podemos recorrer la calle Macedonio Alcalá, rodeada por incontables cafeterías y restaurantes típicos, así como galerías. Arte y comida, en grados supremos, son el sello de esta ciudad desde su nacimiento, aunque este tema lo tocaremos posteriormente.

Porque recorrer el Centro también es descubrir la catedral de Oaxaca, magna obra en cantera verde y depositaria de la fe de generaciones. Protegida por la Nuestra Señora de la Asunción, en su interior también se venera entre otros al Señor del Rayo (última capilla a la izquierda). Si te llama la atención que sus torres sean un poco pequeñas, es porque no son las originales, ya que las anteriores se cayeron a causa de un terremoto en 1931. 

Esto último explica el por qué los edificios en el corazón de Oaxaca buscan ser de construcción robusta, pues estamos en un suelo de alta sismicidad y no será extraño que en alguna visita que hagas te toque un movimiento telúrico, como le ocurrió a quien escribe estas palabras.

Y todo termina en el plato

Ir a Oaxaca es Juárez es ir a comer bien. La cocina mexicana, como se explica en esta sección, es generosa en sabores y tradiciones, pero al observarla según sus regiones, encontramos genuinas obras de arte culinarias.

Así sucede en este Estado y esta ciudad. El mole, las tlayudas, el quesillo, los chapulines, el chile, el chocolate, el café y un etcétera eterno forman parte de los menús de una infinidad de fondas, cocinas de autor y mercados públicos que debes probar.

Ejemplo de lo anterior el restaurante Pitiona (Calle Ignacio Allende 114), cuya terraza ofrece una de las mejores vistas del templo de Santo Domingo y del Centro en general (los atardeceres son sensacionales desde aquí). Pero si lo que se ve es asombroso el menú es de antología, combinando la gastronomía fusión con los sabores típicos de la región. Puedes leer algunos de sus platillos en www.pitiona.com.

Para quienes buscan los ingredientes y el recetario popular en su esencia más pura, entonces vale la pena darse una vuelta por el mercado 20 de noviembre. Aquí se puede disfrutar de la cocina local, comprar alguno de los famosos “siete moles” que ofrece el Estado o sencillamente deleitarse con el imparable ritmo de la ciudad, una que no conoce de pausas. 

Porque esto es Oaxaca, vida, cultura, sabores e historia en eterno movimiento.

¿CÓMO ME VOY?

Hora de la aventura

Volaris, VivaAerobus y Aeroméxico ofrecen el viaje a Oaxaca de Juárez desde Guadalajara, aunque solamente la primera tiene una opción de vuelo directo (1 hora 36 minutos de viaje), mientras que el resto hacen escala, ya sea en Ciudad de México o Monterrey. 
 

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