Miércoles, 12 de Mayo 2021

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- La mejor vacuna

Por: Jaime García Elías

- La mejor vacuna

- La mejor vacuna

Si los homicidios, en México, ocurrieran solo ocasionalmente, el ciudadano común podría tomarlos con cierta naturalidad. Podría decir que el desenlace violento -trágico incluso- de una diferencia entre personas, puede darse “hasta en las mejores familias”. Podría aplicar la recomendación que aparece en las envolturas de los analgésicos más convencionales, a los que se recurre al menor dolor de cabeza o a los primeros síntomas de resfriado: “Si persisten las molestias, consulte a su médico”.
-II-
En cambio, cuando balaceras, masacres, hallazgo de cadáveres cercenados o descubrimiento de fosas clandestinas dejan de ser esporádicos para volverse recurrentes, y ocurren igual en Jalisco que en Guanajuato, Michoacán, Tamaulipas o el Estado de México, se impone interpretar tales hechos como  síntomas de que la violencia -y la consiguiente percepción de inseguridad de los ciudadanos- ha echado raíces; de que la sociedad adolece de una enfermedad grave. Y cuando las autoridades, en vez de prescribir remedios, la “explican” reiterativamente como “ajustes de cuentas entre bandas de delincuentes”, deslizan, tácitamente, por una parte, el reconocimiento de que el delito se ha vuelto endémico…, y confiesan, por la otra, su propia incapacidad para combatirlo.

Con ligeras variantes, las estadísticas refieren que la impunidad, en México, acompaña entre el 90 y el 99% de los delitos que se cometen. Un estudio de la organización México Evalúa publicado en octubre del año pasado, concluyó que en el país “prácticamente no hay investigación de los delitos, imposición de castigos penales ni sentencias condenatorias o reparación del daño”. Eso, en la práctica, significa que el potencial delincuente sabe que las posibilidades de ser descubierto, aprehendido, procesado y sentenciado, son casi nulas; en el peor de los casos, de una contra cien.

-III-  

La incidencia delictiva obedece ciertamente, por sobre todas las cosas, a la desigualdad y la injusticia social, que lleva a muchas personas a buscar en el delito -el robo, el secuestro, la extorsión, el tráfico de drogas…- el atajo para tratar de satisfacer sus necesidades, que no encuentra por el camino del trabajo honrado, dignamente remunerado. Adicionalmente, la insuficiencia o incompetencia de las corporaciones policiacas reduce la prevención del delito a su mínima expresión, y la ineptitud o la venalidad de los supuestos encargados de esclarecer delitos y castigar delincuentes, agudizan el fenómeno.

Colofón: así como está probado que la mejor vacuna contra el delito es la capacidad del Estado para sancionarlo, la impunidad es el caldo de cultivo más eficaz para favorecer su proliferación.

jagelias@gmail.com

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