Domingo, 24 de Octubre 2021

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- Linchamientos

Por: Jaime García Elías

- Linchamientos

- Linchamientos

Se trata -salvo la mejor opinión del lector amable- de un ejemplo típico (muy mexicano, además) de las “cosas malas que parecen buenas”.

Mire usted...


-II-


Refiere la nota periodística (“El Universal”, IX-15-21) que “usuarios de una unidad de transporte público lincharon -en la carretera federal México-Texcoco- a dos presuntos ladrones que intentaron despojarlos de sus pertenencias”, el pasado fin de semana.

“Los usuarios -añade la nota- desataron su ira contra los ladrones que habían subido a una unidad concesionada para quitarles sus objetos de valor, pero los sometieron, los bajaron del vehículo y los castigaron ellos mismos”. En un video subido a las redes sociales, se ven varias personas golpeando con puños y pies a los supuestos rateros. Éstos fueron presentados -con vida, se infiere- ante un agente del Ministerio Público, quien supuestamente “inició la correspondiente investigación” (de cuyos resultados habrá que estar muy pendientes).

En la iniciativa orientada a penalizar el linchamiento, el diputado priista José Porfirio Alarcón Hernández planteaba, en 2004, que “El linchamiento no tiene justificación alguna. Es inadmisible -añadía- que la turba, de facto, se erija en Ministerio Público, Juez y Ejecutor de una ‘sentencia’ emanada del anonimato y la locura”. Lo calificaba como “una expresión del extravío de la razón colectiva”. También apuntaba que expresiones afines, como “autodefensas”, “guardias comunitarias” y el propio linchamiento -que parecerían haber surgido por generación espontánea-, “nos hablan de una crisis de la autoridad que, en el contexto nacional, forma parte de una crisis del Estado”.


-III-


El Código Penal establece (Art. 321) que “se sancionará con prisión de 50 a 70 años, cuando (...) los agresores sean parte de un grupo, turba o multitud de diez o más personas (...), se cometa mediante lapidación, ahorcamiento, incendio corporal, estando viva o muerta la víctima, o mediante golpes, patadas, tubos, machetes, palos o cualquier otro instrumento”, y que sea en un lugar público.

En 2019, la Comisión Nacional de Derechos Humanos indicó que en 2018 hubo 174 casos de linchamiento en México; los llamó “actos de justicia por propia mano”; los atribuyó a “la crisis institucional y violencia política y social” que desde entonces iban al alza. Se ignora si alguno fue “esclarecido” y castigado.

Colofón: aunque no se justifica, se explica, ciertamente, la ira, hija de la frustración colectiva, ante la sistemática y escandalosa inacción del Estado, atrapado en el demagógico discurso de los “abrazos y no balazos”, para prevenir -evitar, idealmente- los delitos, y sancionar a los delincuentes.

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