Sábado, 15 de Agosto 2020
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Beatriz, la No Primera Dama

Por: Diego Petersen

Beatriz, la No Primera Dama

Beatriz, la No Primera Dama

No hay posición más complicada y menos reconocida que la de esposa de presidente. Cómo ejercer ese puesto, que no existe en ningún organigrama, pero del que se espera demasiado, ha sido uno de los dilemas de las últimas mujeres que han estado en dicha posición. Las hemos tenido protagonistas, discretas, metiches, de adorno. Unas nos pueden parecer mejor que otras, las más discretas y menos metiches suelen ser las preferidas, pero para todas ha sido un tema complejo. El dilema va a terminar el día que elijamos a una mujer en la presidencia, pues nadie esperará ni exigirá del primer caballero de la República que corte listones, bese niños y ponga cara de compungido en los festivales del Día del Niño.

La esposa del presidente, Beatriz Gutiérrez Müller, decidió por voluntad propia no ejercer el cargo honorario de primera dama, lo cual no sólo es una actitud plausible sino acorde con una mujer, como ha sido, independiente y cuyos méritos van más allá de con quien esté casada. Sin embargo, para efectos prácticos ella está casada con el jefe de Estado de este país y algunos protocolos, por machistas que nos parezcan, implican la presencia de la esposa, a riesgo de cometer una descortesía política. 

El problema estriba en que, en esta plausible voluntad de no ejercer de primera dama, y por lo mismo no recibir protocolariamente ese trato, Gutiérrez Müller no termina de encontrar su lugar. Sus apariciones públicas han sido más bien desafortunadas. Se inauguró con las cartas al rey de España y al Papa exigiendo disculpas públicas por La Conquista. Metió al presidente y al país entero en un berenjenal (confieso que nunca he visto un berenjenal, pero lo imagino abigarrado y lleno de espinas) del que la única forma de salir fue dejando de hablar de ello. Pero la No Primera Dama estaba ahí, en los videos, al lado del presidente, que no de su esposo, tomando decisiones de política internacional. 

No termina de encontrar su lugar. Sus apariciones públicas han sido más bien desafortunadas

La defensa, valiente y oportuna, de su hijo menor de edad cuando promovió la etiqueta #ConLosNiñosNo quedó opacada cuando usó su posición de esposa del presidente para censurar un foro sobre discriminación en el que participaría Chumel Torres, un comediante que se había burlado de su hijo. Usar a un niño para atacar al presidente no tiene nombre; usar la posición de esposa del presidente para atacar injustamente a una institución como Conapred, tampoco.

El vaso se derramó ayer, mientras trataba de festejar el segundo aniversario del triunfo de López Obrador. La airada y poco reflexionada respuesta a un usuario de redes sociales que le preguntaba qué haría ella por los niños con cáncer que están afectados por la falta de medicamentos provocó una ola de ataques que terminó con un acto de autocensura, eliminando el mensaje y cerrando su cuenta al público. 

Ni modo: decidir, en todo derecho, no ejercer el puesto de primera dama implica también no usar el poder que significa ser la pareja del presidente.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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