Domingo, 29 de Noviembre2020

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Cienfuegos: el humo y el incendio

Por: Jonathan Lomelí

Cienfuegos: el humo y el incendio

Cienfuegos: el humo y el incendio

Daniel Kahneman, Nobel de Economía (2002) y teórico de la economía del comportamiento, cuenta en su libro Pensar rápido, pensar despacio (2011) la historia de un comandante de bomberos que al combatir un incendio en la cocina de una casa exclamó de pronto: «Salgamos de aquí».

Poco después comprendió que una especie de «sexto sentido del peligro» –que Kahneman explica como un conocimiento oculto basado en la experiencia– evitó una tragedia. El origen del fuego no estaba en la cocina, sino en el sótano, debajo de donde el comandante había estado parado con sus hombres.

Tras la detención de Salvador Cienfuegos Zepeda, ex titular de la Sedena, el debate público otra vez sufre una simplificación polarizada.

Por un lado, la 4T enarbola la detención de Cienfuegos Zepeda como un acierto de Andrés Manuel López Obrador. Él mismo lo hace al colocar esta afrenta como un hecho del pasado, «símbolo de la decadencia neoliberal» y sin nexos con la actualidad. 

En el otro extremo están quienes simplifican esta detención como un error más del gobierno que militariza todas sus decisiones estratégicas, y no como la amenaza a un pilar del Estado Mexicano en donde el actual Presidente es sólo un actor transitorio: el Ejército.

El memorando que el fiscal Seth D. DuCharme –el mismo que procesa a García Luna– envió a la juez Carol B. Amon de la corte del Distrito Este de Nueva York el 16 de octubre tras el arresto de Cienfuegos Zepeda, desvela la mayoría de detalles que sabemos del caso. Solicita una orden de detención permanente porque «el acusado probablemente buscaría aprovechar sus conexiones con miembros de alto nivel del Cártel H-2, así como ex funcionarios corruptos para huir de Estados Unidos y protegerlo en México». 

El documento señala que a cambio de sobornos millonarios, Cienfuegos Zepeda facilitó el tráfico de «miles» de kilogramos de cocaína, heroína, metanfetamina y mariguana que se distribuyó en Los Ángeles, Las Vegas, Ohio, Minnesota, Carolina del Norte y Nueva York, entre diciembre de 2015 y febrero de 2017.

El fiscal de Brooklyn remarca que poseen «miles de comunicaciones» en Blackberry que comprometen al acusado y en donde Cienfuegos incluso se comunicó directamente con Juan Francisco Patrón Sánchez, líder del Cártel H-2 abatido en un espectacular operativo aéreo de la Marina desde un Black Hawck artillado, en Nayarit, en febrero de 2017. 

En resumen, señala el memo, Cienfuegos Zepeda evitó operativos contra el Cártel H-2 –derivación del Cártel de los Beltrán Leyva, enemigos del Cártel de Sinaloa y del Jalisco Nueva Generación–; dirigió operativos a grupos rivales; facilitó el trasiego de droga vía marítima, los alertó de operativos y los introdujo con otros altos funcionarios corruptos.  

DuCharme remarca que todo esto Cienfuegos Zepeda lo realizó gracias al apoyo de una red de oficiales corruptos cuya existencia corroboran además «múltiples» testigos cooperantes.

El nivel extraordinario de corrupción que describe el fiscal de Nueva York sólo sería posible gracias a un sistema de cómplices que lo alejan de la idea de un acto de corrupción individual. De ser el caso, Cienfuegos no actuó solo. 

Cuando López Obrador se concentra en señalar que los generales elegidos por él son incorruptibles, se concentra en el humo y no en el incendio que implica saber que heredó una estructura militar al mando de Cienfuegos Zepeda. Cuando sus críticos ven sólo otra equivocación del Presidente en su afán por entregar la seguridad y sus obras estratégicas a la lealtad militar, atacan el humo y no el incendio. 

De comprobarse las acusaciones contra Cienfuegos Zepeda, lo que se descarrila no es un proyecto político sino la idea del Estado Mexicano en el que estamos parados mientras debajo nadie atiende el incendio.

APÉNDICE

¿En quién confían los mexicanos?

Entre las autoridades de seguridad, los mexicanos confían primero en la Marina (90% cree que son algo o muy confiables) y luego el Ejército (87%). Son las dos instituciones que mayor tranquilidad inspiran a un ciudadano. Lejos del agente de tránsito (sólo 46% los considera confiables), la policía municipal, el ministerio público o el juez con índices de confianza similares, y que son las autoridades menos confiables para la población.

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