Sábado, 05 de Diciembre2020

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Cienfuegos, ¿la otra prueba del narco-Estado?

Por: Jaime Barrera

Cienfuegos, ¿la otra prueba del narco-Estado?

Cienfuegos, ¿la otra prueba del narco-Estado?

En mayo de 2016, cuando el Ejército Mexicano cumplía una década de hacer labores propias de las policías federales, estatales y municipales en el país, al patrullar y encabezar la guerra contra el narcotráfico que inició en el 2006 el Presidente Felipe Calderón, tuve oportunidad de entrevistar al entonces Secretario de la Defensa Nacional (Sedena), Salvador Cienfuegos Zepeda, detenido desde el viernes pasado en Estados Unidos acusado por la DEA de narco y lavado de dinero sucio.

Aquella conversación con el titular de la Sedena en el sexenio del priista Enrique Peña Nieto, se dio luego de una reunión de seguridad regional, en la que también participó el entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong (hoy senador) y ocho gobernadores del Occidente del país en la base de la Secretaría de Marina, en Manzanillo, Colima.

El objetivo principal de la entrevista fue conocer de primera mano la evaluación del jefe de los soldados mexicanos de su papel policial que les fue ordenado desde el 2006, cuando por lo cerrado de la elección con Andrés Manuel López Obrador y sus acusaciones de fraude, Calderón mutó del presidente del empleo que prometió en campaña, al presidente de la guerra contra el narcotráfico, cuando el primer día de su gobierno se enfundó en un traje militar como comandante supremo de las fuerzas armadas.

Cienfuegos reconoció que habían sido 10 años de aprendizaje de labores para las que no habían sido adiestrados y de episodios lamentables que habían desgastado la imagen del Ejército con acusaciones de violaciones a los derechos humanos, por la que días antes de esa charla, este General había pedido una inédita disculpa a la Nación.

Pese a ello, me dijo, y aunque al Ejército “desde hace casi dos años se le critica todos los días”, sigue gozando de una buena reputación como institución y son las comunidades las que piden su permanencia. Y fue profético al asegurar que los militares no regresarán a sus cuarteles en tanto las autoridades civiles no hagan lo propio para reestructurar y fortalecer a sus policías locales. Y remató: “Las fuerzas armadas tienen resultados extraordinarios, estamos en 80, 90 o 98 por ciento de todo lo que se ha hecho contra la delincuencia”.

Lo que ahora podemos agregar tras su detención y de comprobarse las acusaciones, es que la infiltración del narco no sólo penetró a los funcionarios del poder civil, como pasó con Genaro García Luna, ex secretario de Seguridad, en el gobierno de Calderón y detenido también en Estados Unidos, sino también al poder militar.

Estaríamos, de ser así, con otro costo de haber militarizado las labores policiales y otra prueba contundente que el narco-Estado es una triste y preocupante realidad en México.

jbarrerar@gmail.com

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