Viernes, 03 de Diciembre 2021
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Corrupción

Por: Jaime García Elías

Corrupción

Corrupción

Al anunciar, hace poco más de una semana, que aprovechará la feliz coyuntura de que México asumirá la presidencia pro tempore del Consejo de Seguridad de Organización de las Naciones Unidas (ONU) para acudir “personalmente en persona” a ese foro, el próximo 9 de noviembre, el Presidente López Obrador anticipó el tema del que será, en esa ocasión, su mensaje urbi et orbi: “Voy a hablar de lo que considero el principal problema del mundo: la corrupción, que produce desigualdad”. Y abundó: “Nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y la corrupción (...); no es una pandemia: es una peste”.

-II-

“Hablando de arañas patonas”, por cierto, The World Justice Proyect, una de las instituciones más respetables en el estudio de la legalidad y la solvencia institucional en el mundo, difundió recientemente los resultados del Índice de Estado de Derecho 2021. Lamentablemente, a tres años de que su gobierno hizo de la lucha contra la corrupción -en el discurso, al menos- una de sus principales banderas, México no tiene demasiados argumentos para ofrecerse al mundo como modelo de integridad u honradez. Ocupa, en ese rubro, el lugar 113 entre los 139 países analizados, y el 27 entre 30 de América Latina. Está más cerca de los coleros (la República Democrática del Congo, Camboya y Venezuela) que de los punteros (Dinamarca, Noruega y Finlandia).

De los ocho indicadores considerados para el estudio, México ocupó el nada honroso lugar 102 en “límites al poder gubernamental”; el 91 en “derechos fudamentales”; el 130 en “orden y seguridad”; el 131 en “justicia civil”, y el 129 en “justicia penal” -que evalúa la eficacia en la aplicación de sanciones a delincuentes- lo que probablemente deba interpretarse como que las leyes en esos rubros, aquí, son letra muerta.

-III-

Además de que hubo retrocesos en los indicadores que miden la corrupción en los poderes Legislativo y Judicial, el peor desempeño se da, casualmente, en “ausencia de corrupción” -definida como “el uso del poder público para fines privados”-... con el vergonzoso 135o. lugar.

Por lo demás, si la desigualdad, según sus propias palabras, es síntoma de corrupción, a la vista de que 43.9% de los mexicanos (según cifras del Ceneval; o sea, oficiales) vive en la pobreza, perfectamente López Obrador podrá decirle al mundo que “Y si digo que la burra es parda, es porque traigo los pelos en la mano”.

jagelias@gmail.com

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