Miércoles, 01 de Febrero 2023

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La guerra sabor naranja

Por: Diego Petersen

La guerra sabor naranja

La guerra sabor naranja

¿Quién manda en el partido Movimiento Ciudadano? ¿Quién tomará las decisiones en ese partido de cara al 2024? La tensión entre Enrique Alfaro y Dante Delgado es cada día mayor. Y no es personal: lo que está en juego es el destino político de ambos, quién de los dos será el interlocutor con los factores de poder en el futuro.

Hace un par de años Dante Delgado retomó las riendas de MC. Le quitó la presidencia al grupo Jalisco, representado en esa posición por el senador Clemente Castañeda y se la quedó, de nuevo, para sí mismo. Para él no fue sino reclamar lo que considera, para muchos efectos, su criatura y su espacio. A todos los políticos que han ganado a través de este partido, incluyendo a Alfaro, los ve como sus creaciones. Dante es uno de los políticos más astutos del país, de los pocos que sabe ver lejos. Es también un desconfiado nato. Digamos que dejó que los alfaristas manejaran el coche en la recta, pero en las curvas, es decir en los procesos electorales, no le presta el volante a nadie. 

Enrique Alfaro, por su parte, sabe que si quiere sobrevivir en la política nacional tiene que pelearle el partido a Dante. Matar -simbólicamente- al padre y disputarle el liderazgo. Si quiere mantenerse en el juego político nacional necesita un vehículo del que él sea el conductor. 

El conflicto ha ido subiendo de tono. De pequeños desencuentros a franca confrontación, pasando por los jaloneos de la elección de 2021. Entre los desencuentros recientes está la ausencia de Alfaro en la reunión nacional de MC en Guadalajara, que se leyó como un franco desaire, y la visita del gobernador de Jalisco a Monterrey, donde se reunió en privado con Luis Donaldo Colosio y Samuel García, lo que Dante Delgado interpretó como un acto de grilla en su contra.

En este contexto no es descartable que el gobernador Alfaro se vaya a hacer una precampaña a la Presidencia por MC en el último tercio de este año. No es que sea un político iluso -si alguien sabe que no tiene posibilidad alguna en el 2024 es él- sino que hacer una precampaña en todo el país le permitirá tener estructura y base para disputarle el partido al fundador. Lo que tiene Dante para pelear son las riendas del partido y una influencia, no menor, con las bancadas. Uno tiene el presupuesto del Estado de Jalisco y el otro el del partido. Dante ha dicho no a la alianza opositora; Alfaro ha dejado ver que podría considerarla. Ambos se disputan las figuras importantes de Nuevo León y Jalisco -Colosio, Samuel y Lemus- para afianzar el poder. En una guerra política de sabor naranja.

diego.petersen@informador.com.mx

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