Viernes, 27 de Mayo 2022

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Guadalajara, las zonas perdidas

Por: Diego Petersen

Guadalajara, las zonas perdidas

Guadalajara, las zonas perdidas

Todas las ciudades tienen zonas perdidas, territorios irreductibles donde la autoridad constitucional no manda, donde hay otros que toman las decisiones y operan acuerdos construidos con base en la impunidad. No es que alguien haya dicho este territorio es de fulano o de mangano, nadie le cedió la Avenida 5 de Febrero a los comercializadores de autopartes robadas, ni las calles del barrio del Santuario a los comerciantes de medicinas ilegales, tampoco alguien escrituró el mercado de San Juan de Dios a los vendedores de piratería y teléfonos robados, o decidió que en un tramo de las vías de ferrocarril, entre Niños Héroes y Mariano Otero, los pobladores de Pueblo Quieto pueden hacer lo que se les antoje. Ningún alcalde de Guadalajara firmó un documento rindiendo la plaza, simplemente, haiga sido como haiga sido, por miedo, por desidia, por incapacidad institucional, por complicidad, o por una mezcla de todo, a lo largo de los años se fue perdiendo el control sobre esas “pequeñas” zonas de la ciudad.

Desde hace tres décadas periódicamente se realizan “operativos” policiacos en estos cuatro puntos de Guadalajara. En cada ocasión se hizo gran alharaca, hubo un gran despliegue de fuerza, presencia de autoridades estatales y federales, escuchamos tronantes declaraciones de alcaldes, gobernadores y procuradores en turno, y poco a poco, sin que sepamos bien a bien cómo ni cuándo, la piratería y los teléfonos robados regresaron al banquetón de San Juan de Dios, los vendedores de medicina a las calles del Santuario, los vendedores de nuestras propias autopartes robadas la noche anterior a las inmediaciones de 5 de Febrero, los asaltos a Pueblo Quieto.

Suponiendo que a alguna autoridad le interesara dejar el pellejo político en recuperar las zonas perdidas de la ciudad, de poco servirá mientras exista una sociedad dispuesta a comprar medicina ilegal, piratería y teléfonos y autopartes robadas

Los operativos improvisados y reactivos sirven, pues, para dos cosas: la segunda es para nada. Desarticular redes criminales que llevan décadas operando y cuyos tentáculos están hundidos en lo más profundo del sistema de poder de la ciudad no es un trabajo de una semana o un mes. Si alguien quiere realmente desmantelar las bandas de crimen organizado que hay detrás de éstas y otras zonas perdidas de la ciudad se requiere un profundo trabajo de investigación policial y una voluntad política que supera con mucho al alcalde en turno. 

Pero, suponiendo que a alguna autoridad le interesara dejar el pellejo político en recuperar las zonas perdidas de la ciudad, de poco servirá mientras exista una sociedad dispuesta a comprar medicina ilegal, piratería y teléfonos y autopartes robadas. Mientras eso no suceda el show debe continuar, y tengámoslo por seguro, continuará.

diego.petersen@informador.com.mx

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