Sábado, 15 de Agosto 2020
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Guardia Nacional, un año perdido

Por: Diego Petersen

Guardia Nacional, un año perdido

Guardia Nacional, un año perdido

A un año de su creación, lo único que puede presumir la Guardia Nacional es que existe, pero está lejos, muy lejos, de lo esperado por el propio Presidente y los legisladores que le dieron vida. La Guardia ha sido incapaz no sólo de destetarse de sus padres, el Ejército y la Marina, sino de convocar y emocionar a civiles para que se integren a ella. 

Un año después, el objetivo fundamental de la Guardia Nacional, contrarrestar la violencia en el país, no se ha logrado, por el contrario, se ha incrementado: tenemos a la mitad de 2020 más homicidios que en el primer semestre de 2019, y si lo comparamos con lo últimos seis meses de ese mismo año también. Esto es, la violencia sigue al alza. La desaceleración que ve el secretario de Seguridad Ciudadana, Alfonso Durazo, se parece mucho al achatamiento de la curva del doctor Gatell.

Doce meses después la Guardia no sólo no es la institución que todos esperábamos, sino que está en los huesos, falta de presupuesto, de equipamiento y sobre todo de proyecto. Es el Ejército disfrazado de Guardia que nada tiene que ver con esa institución de mando civil que nos prometieron. Es una institución opaca, lejana a los ciudadanos y de la que nadie sabe qué esperar.

Toca al gabinete de seguridad y al Congreso de la Unión evaluar y corregir lo que haya que arreglar

Después de un año de promesas de cambio, la estrategia de seguridad del Gobierno federal se reduce a esa Guardia que, si queremos ser benevolentes, es aún un embrión. Pero de los otros elementos de la estrategia, como el fortalecimiento de las policías locales y una Fiscalía autónoma y eficiente, no hemos visto nada. La estrategia se redujo a lo que pudiera o no hacer una corporación militarizada.

No hay fecha que no se cumpla y el plazo que el Presidente se ha puesto para reducir la violencia se ha modificado tres veces: primero dijo que sería en tres meses, luego que en seis y finalmente pidió dos años para que los indicadores de violencia tuvieran una reducción importante, para pacificar al país, dice él. No va a pasar. A cinco meses de que se cumpla el nuevo plazo no hay un solo elemento que apunte a una mejora, por el contrario, vemos cómo mes a mes rompemos nuestro propio récord de asesinatos y lo peor, nos vamos acostumbrado a ello como ranas en el agua caliente.

No tiene la culpa la Guardia Nacional sino quienes la dejaron sola. Toca al gabinete de seguridad, esos que se reúnen todas las mañanas, y al Congreso de la Unión que le dio vida y presupuesto, evaluar y corregir lo que haya que arreglar. Para ello hay que reconocer que no está funcionando. No es una cuestión de fe, de esperanza, de creer que vamos bien, como le gusta decir al Presidente, es una cuestión de fríos datos que algún valiente debe poner en el escritorio del Presidente, porque tristemente, estábamos mejor cuando estábamos peor.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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