Viernes, 01 de Julio 2022

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Lecciones de Uvalde

Por: Luis Ernesto Salomón

Lecciones de Uvalde

Lecciones de Uvalde

Los abuelos guardaban las pistolas en sus finos estuches de madera, bajo llave en armarios impenetrables. Las armas largas solían ponerse en estantes cerrados, cuando los había, o simplemente tras las puertas. Su posesión significaba dominio sobre la tierra y poder sobre las personas. Aquellas armas pasaron de generación en generación constituyéndose en un riesgo para todos. Algunas aún están bajo llave, otras han caído en manos invisibles. Aquel afán de poseer armas se potenció con la cultura militar derivada de las grandes guerras. De las pistolas fajadas al cinto y las escopetas para tirar guilotas, se pasó a las armas automáticas y al desarrollo de la tecnología que hoy día potencia su capacidad destructiva. El culto creció como símbolo de poder e invadió el mundo digital con juegos virtuales y guerras reales y simuladas que al fin de cuentas estimulan la convivencia con las armas y el desarrollo de la violencia como parte de la vida cotidiana. No es casualidad que esa afición a las armas sea compartida por millones de personas y que en Estados Unidos y en México su posesión incontrolada se haya convertido en una pesadilla.

En los Estados Unidos entre 2020 y 2021 se vendieron 40 millones de armas, y una parte significativa ha pasado a México estimulando el desarrollo del crimen y la expansión de esa cultura que subyuga perversamente a muchos jóvenes. Aunque en México formalmente hay un control en la venta y posesión de armas, en realidad hay cientos de miles de hogares en el campo y las ciudades que poseen alguna; ya sea por que la heredaron de sus abuelos o porque la han adquirido por gusto o “necesidad” en medio del torbellino sangriento que vivimos.

Lo sucedido en Uvalde, Texas, es manifestación de ese culto perverso a la violencia armada. La muerte de niños inocentes es intolerable para cualquier sociedad. Significa una afrenta al principio más elemental de racionalidad, de solidaridad y de respeto. Es manifestación clara de una descomposición que no puede ser admitida en ninguna parte del mundo. Lo que se diga para justificar un hecho como este será una falacia.

El ciclón que impulsa a comparar armas para defenderse de supuestas “amenazas” debe ser detenido. No es adquiriendo rifles como se puede detener la violencia, sino al contrario. Los tiroteos a personas inocentes que hemos visto triste y repetidamente en El Paso, Buffalo, y decenas de sitios están recubiertos del odio inducido por supuestas amenazas raciales o prejuicios contra minorías. Mientras que los tiroteos en México están asociados a disputas que llegan a niveles de crueldad intolerable. La tragedia de Uvalde puso de manifiesto las fallas en los sistemas policiacos; por muy diversas razones en ambas naciones hay también una crisis en el desempeño de las policías que parecen haber impulsado a algunos en ese torbellino consumidor de violencia deshumanizante.

Bien ha hecho México en demandar a las empresas fabricantes, bien ha hecho el Presidente López Obrador en detener la guerra, bien ha hecho el Presidente Biden en decir que es hora de actuar, bien dicen las madres de los desaparecidos en México que ya basta, pero, sin embargo, es poco probable que las impactantes escenas de Uvalde o las de los feminicidios cambien la realidad en el corto plazo. Las demandas correrán su suerte, las iniciativas de ley se debatirán largamente, y los gritos se repetirán mientras las armas seguirán dentro y fuera de las gavetas y los armarios, mientras no tengamos la suficiente resolución para controlar la posesión y uso de las armas de forma determinante.

El mejor homenaje a los caídos en esta oleada fratricida es plantear todas las medidas posibles y actuar decididamente todos los que creemos en el valor de la persona humana para evitar que las armas lleguen a manos de nuestros jóvenes, desterrando la violencia fratricida como parte de lo cotidiano. Los rostros morenos de los niños de Uvalde no deben ser olvidados.

luisernestosalomon@gmail.com

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