Lunes, 20 de Septiembre 2021

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Marianne Weber

Por: Luis Ernesto Salomón

Marianne Weber

Marianne Weber

En la pandemia, el virus cegó la vida de un hombre excepcional, de apenas 56 años de edad. Era la tarde del 14 de junio. Como siempre, ella estaba junto a él. Suspiraba ante los restos de su marido, sola, con la dignidad de sus cincuenta años; veintisiete de los cuales había compartido en matrimonio.

Hija de una pareja prominente, había perdido a su madre cuando tenía apenas un año de edad, por lo que se crio con su abuela. Adquirió un carácter determinado forjado por las dificultades propias de una niña huérfana, quien presenció, años después, el proceso de desquiciamiento de su padre que finalmente fue internado en una institución psiquiátrica. Ante la adversidad, muy pronto decidió ser única, valiosa, normal. En la escuela primaria aprendió idiomas, familiarizándose con la lectura. Siendo adolescente, su abuelo Carlos la invitó a Berlín, donde descubrió un ambiente intelectual que le pareció tan atractivo, que decidió convertirse en alguien importante. Fue acogida por Helene, la abuela, quién se convirtió en la madre que nunca tuvo. Mientras leía descubriendo el mundo, un día cayó enamorada de Max, su primo, quien rápidamente le propuso matrimonio. Tenía 23 años; con plena conciencia de sí misma como mujer pensante, liberal y decidida a trascender. Marianne Schnitger se convirtió entonces en la señora Weber en una boda memorable.

El marido, un brillante joven académico con un doctorado en derecho e historia, comenzó a enseñar economía en la Universidad de Friburgo, donde ella ingresó a la universidad. Allí profundizó sus reflexiones sobre la igualdad incubadas en Berlín. Con 26 años se convirtió en líder de una nueva sociedad para la difusión de ideas feministas. Trasladados a Heidelberg, los jóvenes impulsaron medidas para que más mujeres fueran admitidas en la universidad. Al año siguiente, su marido cayó en tan profunda depresión, que tuvo que abandonar sus deberes, poniendo a prueba la pareja. Fueron casi cuatro años de pausa en sus carreras. Se dedicó a ayudarlo a salir de la enfermedad. En sus escasos ratos libres, escribió Política y Movimiento de Mujeres. Cubrió las actividades púbicas y políticas de su marido con bastante soltura, para complacencia de quién, poco a poco, se recuperaba. Cuando Max se recuperó, se embarcaron hacia los Estados Unidos, donde ella, se relacionó intelectualmente con Charolotte Perkins Gilman, la activista norteamericana. Marianne escribía entonces su obra Matrimonio, maternidad y derecho. Cuando murió su abuelo Carlos dotó a la pareja con recursos suficientes. Así de vuelta en casa, con sus 38 años, recibían a prominentes intelectuales como Werner Somart, George Simmel y Marie Baum, mientras crecía su prestigio como feminista luego de publicar Autoridad y autonomía en el matrimonio y Mujeres y Cultura objetiva; mientras su marido también hacía lo propio, al grado que le llamaron para participar en la redacción de la nueva constitución. Marianne continuó publicando obras como The New Woman. Con 50 años se convirtió en la primera mujer electa en una asamblea estatal en Alemania y presidenta de la Federación de Organizaciones de Mujeres Alemanas.

Recordaba los mejores momentos de ese pasado, consciente que ahora sería viuda, con todo lo que eso implicaba. Pensaba también en su futuro y aunque no lo sabía de cierto, sentía llegar esa depresión que perduró por cuatro largos años. Luego se echó a cuestas otra tarea titánica: editar la obra completa de Max y escribir su biografía, que terminó a los 62 años.

Marianne recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Heidelberg por su obra sobre las mujeres y por la edición de la obra de Max Weber, el padre de la sociología moderna. Por si esto fuera poco, decidió adoptar los cuatro hijos de la hermana de Max, Lili, quién se había quitado la vida. Marianne se deprimió por las atrocidades del régimen nazi y murió en 1954 a la edad de 84 años, convirtiéndose en símbolo del feminismo, la lealtad y el compromiso intelectual. Ciento un años después de aquella tarde en Munich, ha llegado otra pandemia que nos hace recordar a Marianne Weber.

luisernestosalomon@gmail.com

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