Jueves, 17 de Junio 2021

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Nuevos partidos, ¿mismas mañas?

Por: Eugenio Ruiz Orozco

Nuevos partidos, ¿mismas mañas?

Nuevos partidos, ¿mismas mañas?

Tal parece que la democracia, aceptando sin discusión que es el mejor sistema político para gobernarnos, ha tenido, desde su origen, severos contratiempos para lograr su consolidación, entre ellos, la proclividad de los seres humanos al abuso del poder. La ciudadanía requiere, para el mejor desempeño de sus obligaciones cívicas, de una base ética y cultural uniforme, un mínimo de información política actualizada, madurez emocional, sentido de responsabilidad, compromiso social y amor por la Patria. ¡Diógenes! ¿Dónde andas? Por otra parte, es imprescindible que las instituciones encargadas de conducir los procesos electorales y los tribunales de la materia impongan la ley por encima de los arreglos políticos y, un elemento sustantivo, la modernización de los partidos, cuyas dirigencias -formales e informales- acabaron por convertirse en el principal obstáculo para su democratización interna. El tema es relevante de cara a las próximas elecciones que se anticipan sumamente complicadas, pues en ellas se resolverá el destino de México mínimamente para los próximos veinte años. 

Para favorecer la participación de la ciudadanía, las autoridades electorales otorgaron registro a nuevos partidos en los escenarios nacional y local, era alentador: finalmente, a pesar del desprestigio que arrastran las organizaciones políticas, la esperanza de que hubiera una renovación de cuadros e ideas resultaba prometedora, más aún, cuando las crisis por las que estamos atravesando debieron estimular nuestras conciencias. Pensaríamos, por lo tanto, que la solución de nuestros problemas exigía propuestas críticas, imaginativas, audaces, absurdas -si se quiere-, pero no caer en lo mismo. Era de suponer que, al ampliarse el abanico de participación, existiría una actualización de los principios ideológicos y una oferta de mejoría social a través de programas de desarrollo realistas junto a candidatas y candidatos con la cara y el trasero limpios. No fue así. Fueron incapaces de imaginar y proponer alternativas novedosas frente a una problemática agravada por las circunstancias.

Si echamos un ojito bajo la alfombra, nos daremos cuenta de que las instancias del poder continúan obcecadas en seguir utilizando las estructuras y los recursos institucionales para crear opciones controladas, ocultas en la máscara de la democracia. A los partidos con registro nacional (PAN, PRI, PRD, PT, Verde, MC y Morena) se agregaron el PES, Redes Sociales Progresistas y Fuerza por México; en el proceso local, se integrarán a la boleta electoral Futuro, Somos y Hagamos. Lo verdaderamente lamentable es que las “nuevas opciones” son más de lo mismo: salvo algunos casos realmente excepcionales, encontramos los mismos intereses, los mismos actores con ropajes gastados y deslucidos, y las mismas prácticas antidemocráticas, algunas grotescamente disfrazadas de “encuestas”, tal el caso del impresentable Salgado Macedonio, impuesto como candidato al gobierno de Guerrero por la necedad de López Obrador. El velo de la verdad es tan delgado que se traslucen los dedos del titiritero.

Lo que pudo haber sido una oportunidad para fortalecer la democracia, amenaza con convertirse en una mescolanza al tenor de la letra del viejo tango, Cambalache: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor… los inmorales nos han igualado”.

eugeruo@hotmail.com

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