Jueves, 17 de Junio 2021

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Padre Chayo (+)

Por: Eugenio Ruiz Orozco

Padre Chayo (+)

Padre Chayo (+)

El presbítero José Rosario Ramírez Mercado se ha reunido con su pastor: ya está en las mejores manos. Cuando me informaron de su partida, solo tuve un pensamiento y fue de gratitud con Dios y con la vida que me permitieron compartir con él momentos inolvidables, maravillosos y también días aciagos. El Padre fue todo un personaje, y vaya que he tenido la suerte de convivir con personalidades excepcionales, algunas de ellas amigos comunes: Don Enrique Varela, Sandra López, Don Jorge Álvarez del Castillo, Miguel Sánchez Montes de Oca, Manolo del Valle, Don Arnulfo Villaseñor y Don Enrique Álvarez del Castillo, entre otros.

Lo conocí hace más de cinco décadas y, desde entonces, mantuvimos una relación alimentada por la admiración, la confianza y la generosidad. Tuve, además, la suerte de recibir su consejo y admoniciones. Profundamente culto, congruente, apasionado de la política, los libros, el fútbol y la fiesta brava, estaba comprometido con sus ideas y, sin embargo, era tolerante con quienes pensaban o creían distinto. El Padre, como los seres muy inteligentes, tenía un gran sentido del humor que compartíamos con mi amigo de la vida, José Herminio Jasso. Al Padre nunca le importó lo material, era un hombre con valores definidos, honesto de palabra y obra, quien creía en la conciliación -qué hermosa palabra, por algo se llama así la avenida de acceso al Vaticano: Via della Conciliazione-. Amaba su ministerio, su hogar era el seminario, al que llegó desde los doce años y el que dejó, con gran dolor, cuando fue invitado a cambiar de casa y, a pesar de ello, su inspiración siguieron siendo los seminaristas. Al final del camino cosechamos lo que sembramos y el Padre se integró al seno de una familia, toda generosidad y amor, la de su sobrina Margarita que, con sus hijos, nietos y familiares, cuidó de él hasta sus últimos días, asistido en lo espiritual por uno de sus más queridos discípulos, el Padre Armando González.

Vivimos una época llena de confusiones: privilegiar lo material nos ha deformado, pues entendemos el éxito como la acumulación de poder, influencia o dinero. Hemos substituido la colaboración por la confrontación, la cooperación por la exclusión, el nuestro por el mío, la calle por el coto y hemos dejado de coincidir porque nos llenamos de egoísmo y resentimientos: estamos perdiendo el sentido de la vida y de la convivencia. Preocupados por ser iguales, olvidamos que la riqueza está en lo diferente, en nuestra complementariedad. Nos alejamos de la naturaleza, nos envanecemos, desestimando, como Ícaro, que las alas están pegadas a nuestro cuerpo con cera. Ejemplos como el Padre son necesarios para no perdernos en la bruma de la ambición y los ruidos del “éxito”.

Hay vidas que no se extinguen con la muerte. Él ya no está entre nosotros ni su espíritu habita en su cuerpo, pero sus pensamientos, opiniones y, por encima de todo, su amor y sus consejos seguirán iluminándonos. Debemos estar felices, el Padre nos dio mucho y hoy se encuentra, merecidamente, en brazos de su Señor.

eugeruo@hotmail.com