Domingo, 11 de Abril 2021

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Policías que desaparecen en Jalisco

Por: Rubén Martín

Policías que desaparecen en Jalisco

Policías que desaparecen en Jalisco

Inadmisible. Otra vez se confirma que miembros de corporaciones policiacas participan directamente en la comisión de desaparición de personas, confirmando el vínculo entre fuerzas de seguridad con el crimen organizado. En otro caso doloroso de desaparición masiva, el 24 de marzo dejaron de estar localizados cinco integrantes de una misma familia: Jimena Romo Jiménez, de 24 años; su esposo Julio Alberto Villaseñor Cabrera, de 35; la hija de ambos Julia Isabella, de año y medio; Virginia Villaseñor Cabrera de 24, hermana de Julio, y su hijo Iker, de nueve años.

Lamentablemente no es el único caso de una desaparición masiva, ni el único episodio donde en un solo hecho desaparecen varias integrantes de una misma familia. Hay antecedentes dolorosos y graves como los italianos Raffaele Russo, su hijo Antonio Russo y Vincenzo Cimmino, sobrino del primero, a fines de enero de 2018 en el municipio de Tecalitlán.

Otro caso muy grave es la desaparición de cuatro hermanos de la familia Camarena, ocurrido en diciembre de 2019 en Ocotlán.

El caso de la familia Villaseñor Romo ha conmovido casi de manera generalizada porque en la desaparición masiva se incluyó a dos menores de edad: Isabella de año y medio e Iker, de nueve años. Todos los casos de desaparición duelen a alguien en cualquier circunstancia, pero este caso ha generado mayor solidaridad por el agravante de que se desapareció también a niños.

Hasta ahora lo que se sabe es que se perdió el contacto con la familia Villaseñor el sábado 24 de marzo; al día siguiente se interpuso la denuncia correspondiente ante la Fiscalía. Por indagatorias de los propios familiares y no por investigaciones policiacas, supieron que el último lugar donde se activó el GPS de los aparatos celulares fue en el municipio de Acatíc, al sur de Tepatitlán, ambos en Los Altos Sur.

Ayer el fiscal estatal, Gerardo Octavio Solís Gómez, dio a conocer que la posible desaparición de los cinco miembros de la familia Villaseñor podría tener conexión con el intento de asesinato de un empresario de la construcción que ocurrió en Ciudad del Sol, Zapopan, el 19 de marzo. La información oficial reveló que tanto Julio Villaseñor como su hermana Virginia Villaseñor trabajaban para el constructor atacado a balazos. Esta pista podría ser un indicio prometedor o ser una pista equivocada o hasta peligrosa al vincular un hecho con otro.

Por la atención mediática que ha cobrado el caso no sólo en Jalisco sino en todo el país, la Fiscalía ha dispuesto de uno de los mayores operativos de búsqueda que se tenga memoria en el estado, quizá como ningún otro caso. Y ojalá dé los resultados que se esperan: que se encuentren con vida a los cinco integrantes de esta familia.

El elemento central en este caso, así como en los otros dos que mencioné al comienzo del texto, es la participación de elementos de la policía en la comisión de desaparición masiva, con lo que se convierte en desapariciones forzadas, es decir, aquellos casos donde elementos del Estado mexicano participan directamente en la privación ilegal, y presumiblemente en acciones extrajudiciales que atentan contra la vida de las personas desaparecidas.

Asistimos así a otro caso donde los integrantes del Estado, que supuestamente cobra para brindar seguridad a sus ciudadanos, comete uno de los delitos más deleznables y que más afectación física y emocional deja a los familiares de las víctimas: la desaparición forzada.

Cité apenas tres casos, pero familiares han denunciado la participación de elementos policiacos en casos de desaparición también en Chapala, El Salto, Ixtlahuacán de los Membrillos, Poncitlán, Tlaquepaque, San Miguel el Alto, Guadalajara, Tonalá y Zapopan, así como en Mezquitic y Villa Guerrero, al norte del estado.

No estamos ante casos aislados, sino ante un fenómeno masivo y estructural: las policías municipales, y en otros casos estatales o fuerzas federales, participan en la comisión de desaparición forzada, por lo que las familias afectadas y toda la sociedad quedan en total indefensión, pues el Estado que supuestamente está para proteger la vida es parte de la maquinaria de violencia y desaparición que afecta masivamente a la sociedad.

Las autoridades estatales y de la Fiscalía argumentan que muchos casos se explican que los delincuentes se hacen pasar como policías, pero los lamentables hechos del Halconazo tapatío del 5 de junio de 2020 nos confirmaron que los policías también saben hacerse pasar como delincuentes para cometer desaparición de personas.

Así como el movimiento feminista ha elaborado el lema “la policía no me cuida, me cuidan mis amigas”, como sociedad ha llegado el momento de asumir que el Estado no nos cuida, y debemos cuidarnos entre todos. Un buen comienzo es solidarizarnos con cada caso de una persona desaparecida, difundiendo información, apoyando sus convocatorias y colaborar en su búsqueda. Desde abajo y entre todos debemos acabar con esta guerra que desaparece y asesina masivamente.

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