Domingo, 26 de Septiembre 2021

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¿Por qué hacer política?

Por: Eugenio Ruiz Orozco

¿Por qué hacer política?

¿Por qué hacer política?

A pesar del desprestigio que en nuestro país y en gran parte del mundo tienen la política y los políticos, no deja de ser la más importante y trascendente de las actividades reservadas para el ser humano. ¿Qué es la Historia sino la narración de la vida, la crónica del paso del Homo Sapiens por la Tierra, con todo lo hermoso y deleznable de nuestra condición, con todas las fortalezas y debilidades de nuestro cuerpo y alma? Cuando la Madre Teresa atendía en Calcuta a los menesterosos, lo que hacía no era caridad: era política, porque política es dar y lo que ella daba a sus enfermos era ternura, cuidados y amor; cuando Ángela Merkel, la más brillante política contemporánea, que concluirá su mandato en diciembre próximo, administra con honestidad y transparencia los recursos públicos en Alemania, lo que hace es política, porque política es cuidar el patrimonio de los ciudadanos. Cuando aprisionaron el cuerpo de Nelson Mandela -no su espíritu-, para cancelar el cambio social en Sudáfrica, lo que hizo fue política con sentido de Patria y construyó una nación. Lo que sucede es que no se puede hacer política sin ideales, compromiso social, conocimiento de la geografía física y humana, o sin amor. Es claro que cuando el lucro se impone en el servicio público, corrompe la más noble de las actividades humanas. Llamemos las cosas por su nombre: cuando Jesucristo, Siddhartha, Confucio o Mahoma difundían sus creencias y le dieron voz y destino al hombre, lo que hicieron fue política social.
Debemos hacer política e involucrarnos en la vida de la comunidad porque la política es la única vía para transformar a las sociedades. Es evidente que las diferencias económicas, culturales y formativas han creado un abismo difícil de superar entre los seres humanos, y no se trata de satanizar la riqueza o exaltar las virtudes (¿las tiene?) de la pobreza: el justo medio, en todos los órdenes, es fundamental para la coexistencia pacífica. Es normal que haya desigualdad, esta obedece a que cada quien posee y desarrolla diferentes capacidades; lo que no se vale es el abuso de los poderosos y eso solo se puede limitar haciendo política, construyendo democracia.

Me preocupa que, con más frecuencia de lo deseable, escucho decir que la política no vale la pena, que su práctica está ligada a la corrupción, que quien participa en ella solo quiere su beneficio personal, que no hay tiempo para andar en argüendes y muchos “ques” para justificar su omisión o negligencia, dejando en manos, frecuentemente incompetentes o viciadas, decisiones que afectan nuestra vida personal o colectiva y propiciando el arribo de personas sin formación para el servicio público a los cargos de representación popular o administrativos. Si queremos excelentes funcionarios, políticos eficientes y honestos, así como instituciones respetables y respetadas, debemos ser mejores ciudadanos y eso implica cumplir con los deberes consignados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en la conciencia de que a todo derecho corresponde una obligación. ¡Hagamos política!

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