Sábado, 18 de Septiembre 2021

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¿Y ahora qué?

Por: Eugenio Ruiz Orozco

¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué?

Pues bien, el proceso electoral ha concluido y dejó con su paso, como las avalanchas, un torrente de promesas, cantos sibilinos, encuestas amañadas, dádivas disfrazadas de regalos, besos y abrazos a las viejitas, fotos con niños, entrevistas en los medios de comunicación, días y noches llenos de adrenalina, reuniones con asesores… En fin, la parafernalia que envuelve los meses previos de una elección.

Los resultados del proceso han sido ampliamente difundidos: “el músculo duerme, la ambición descansa”. Todo eso está muy bien, algunos políticos habrán cumplido sus objetivos, otros no y, seguramente, se retirarán a sus cuarteles de invierno con sus ilusiones rotas, pero, y el pueblo que asistió al baile de las máscaras, que aplaudió frenético a los trapecistas, contorsionistas, equilibristas y traga fuegos, ¿qué? ¿Qué pasará con los problemas que afectan a una gran cantidad de jóvenes que enfrentan un futuro laboral incierto? ¿O con los miembros de la tercera edad, frecuentemente abandonados por sus familiares ante la imposibilidad de atenderlos, o con los enfermos afectados por el desabasto de medicinas, o a las madres trabajadoras necesitadas de instituciones en las que se atiendan los requerimientos de sus hijos pequeños? ¿Qué va a pasar con los problemas de la sociedad, agudizados por la pandemia? ¿Qué con la educación defenestrada, el sistema de salud desmantelado, las políticas ambientales desatendidas, el desabasto de agua potable a expensas de que Tláloc lo resuelva, el “huachicoleo” a todo lo que da, los bosques nuevamente incendiados y la corrupción sobre rieles? La lista es interminable. Pobre Patria mía.

Es hora de cumplir las promesas, aunque lo más probable es que los funcionarios en ciernes se olviden de aquellos que hace unos días se desgañitaban con sus nombres. Esa es parte de la condición humana. En el fondo y en la superficie nada ha cambiado a excepción de un hecho sustantivo: la sociedad que estuvo por encima de los partidos y sus candidatos tuvo la enorme capacidad para definir sus intereses y prioridades y dijo “¡NO!” a concentrar el poder en unas manos, así sean las del Presidente. Por cierto, no podemos pasar por alto que la estrategia para dividir al pueblo mexicano tuvo éxito y esto se reflejó en las urnas: clases medias y altas, es decir, las más ilustradas e informadas, votaron en contra de las políticas de López Obrador. Muchos de los que calificó de fifís, no pocos de quienes lo apoyaron con su voto en el 2018, ahora lo abandonaron y claro, sostuvo su votación entre los favorecidos por un sistema de dádivas que alimenta la adicción al dinero sin esfuerzo.

El resultado es alentador. La composición del Congreso garantiza, salvo componendas entre los partidos, que no habrá sorpresas, pero ¡mucho cuidado! La seducción y el dinero de la presidencia pueden desbarrancar lo que el pueblo logró en esta elección. Si los dirigentes de los partidos, concretamente PRI y PAN, traicionan a sus electores y se alían con López Obrador, estarán condenados al fracaso y al escarnio de la sociedad.

eugeruo@hotmail.com

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