Lunes, 18 de Octubre 2021

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Y si mejor hablamos de México

Por: Diego Petersen

Y si mejor hablamos de México

Y si mejor hablamos de México

Hemos dicho hasta el cansancio, de una u otra manera, en todos los tonos, desde el más furibundo hasta el chiste ramplón, que la gran habilidad del Presidente de la República es poner el tema de conversación, hacer que el país baile al son que él toca, que hablemos de todo, absolutamente de todo, menos de lo que sí importa.

En plenas Fiestas Patrias, en medio de un complicado momento económico, cuando está por discutirse el presupuesto en la Cámara de Diputados y la crisis de abasto de medicamentos, de por sí grave, amenaza con agudizarse por una resolución de la Corte que pone en duda el sistema de compras consolidadas a través de UNOPS, López Obrador invita al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, al desfile militar por la Independencia y recibe al presidente venezolano Nicolás Maduro en la reunión de Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac). En minutos se volvió el tema de conversación.

¿Por qué lo hace López Obrador? Por una sencilla razón: porque puede, porque enfrente hay una oposición obtusa e incapaz que tiene más claro lo que quiere para Venezuela o Cuba que para México (y que si no habla de Nicaragua es por ignorancia, porque no tienen idea de lo que ahí sucede). Los grupos más radicales, esos que han convertido a Venezuela en el referente de lo negativo, mordieron el anzuelo y comenzaron a movilizarse en redes sociales no bien el presidente Maduro había puesto un pie en suelo mexicano, haciendo exactamente lo que el presidente quería que hicieran.

La mejor política exterior es la interior, dijo el presidente cuando tomo posesión, y hoy la mejor política interior es la exterior.

Nada hay de novedoso en esto. Es el mismo modelo del presidente Echeverría, allá en los años setenta, que en medio de un país convulso encabezó el movimiento de países del Tercer Mundo y hasta se auto promovió como premio Nobel de la Paz. Liderar el movimiento latinoamericano en la segunda mitad del sexenio le dará a López Obrador prestigio externo, pero sobre todo interno.

El discurso de que México debe “ocupar su lugar en el mundo” y ejercer el liderazgo de acuerdo con su tamaño e importancia resulta muy atractivo para las tan vapuleadas clases medias. Es a ese ciudadano, al que en México habla pestes de su país, como si él no fuera parte de los problemas, pero que en cuanto pone un pie fuera de la frontera grita a todo pulmón “como México no hay dos”, al que hoy le habla el Presidente.

Y si mejor hablamos de México.

PS. Parafraseo, le robo, al poeta Miguel Hernández sus palabras para expresar la tristeza: En Guadalajara, su pueblo y el mío, se nos ha muerto como de rayo José Hernández-Claire, a quien yo tanto quería. Sus imágenes son ya parte de nuestra historia.

Gracias, Pepe.

Es el mismo modelo del presidente Echeverría, allá en los años setenta, que en medio de un país convulso encabezó el movimiento de países del Tercer Mundo...

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