Martes, 07 de Diciembre 2021

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Suplementos | Vigésimo octavo domingo del Tiempo Ordinario

La salvación como presente

Jesús, al cuestionar al joven rico, nos cuestiona a cada uno de nosotros acerca no del cumplimiento de los mandamientos, ni de las normas, ni del culto, sino sobre qué tan libre está nuestro corazón

Por: Dinámica pastoral UNIVA

«Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios». WIKIMEDIA/«Cristo y el joven rico», de Heinrich Hofmann

«Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios». WIKIMEDIA/«Cristo y el joven rico», de Heinrich Hofmann

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Sb 7, 7-11.

«Supliqué y se me concedió la prudencia;
invoqué y vino sobre mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a los cetros y a los tronos,
y en comparación con ella tuve en nada la riqueza.

No se puede comparar con la piedra más preciosa,
porque todo el oro, junto a ella, es un poco de arena
y la plata es como lodo en su presencia.

La tuve en más que la salud y la belleza;
la preferí a la luz, porque su resplandor nunca se apaga.
Todos los bienes me vinieron con ella;
sus manos me trajeron riquezas incontables».

SEGUNDA LECTURA

Hb 4, 12-13.

Hermanos: La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos. Llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Toda creatura es transparente para ella. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas».

EVANGELIO

Mc 10, 17-27.

«En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven’’. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”».

La salvación como presente

Desde tiempos antiguos y hasta nuestros días, la humanidad ha buscado maneras de “asegurar el futuro”. Siempre hemos constatado que la naturaleza no es constante; hay cambios en la temperatura ambiente, en la cantidad de comida disponible, en la salud, las lluvias, etc. Históricamente, la actividad humana está encaminada, en gran parte, a amortiguar los efectos de la inconstancia natural. Pero esta tendencia también la vamos llevando a extremos: queremos asegurar nuestro porvenir, nuestra posibilidad de sobrevivir, nuestra felicidad. Es un segundo paso: ya no buscamos constancia, sino seguridad. Hay que notar que cuando se trata del futuro, “asegurar” significa controlar. Sólo podemos asegurar algo que está en nuestras manos.

En el evangelio de este domingo, vemos a un joven responsable y piadoso, como pueden serlo una gran cantidad de jóvenes en México. Es responsable con sus bienes y busca darle una gran estabilidad a su vida, tanto en lo material como en lo espiritual. El joven rico del evangelio es lo que llamaríamos un “buen muchacho”.

Jesús no tiene problema con una persona de este tipo. Sin embargo, tampoco lo deja tranquilo con su búsqueda. El joven piensa en el futuro, pero Jesús lo devuelve al presente. Ya no se trata de asegurar el porvenir, o de asegurar la vida eterna -como si tal cosa pudiera hacerse-; se trata de ver y palpar, en el presente, a toda esa multitud que no tiene seguridades ni certezas, que vive a merced no únicamente de la inconstancia de la naturaleza, sino de la inclemencia de las sociedades humanas. Hay gente que no tiene futuro, que sólo tiene presente. Es ahí donde Jesús envía al joven rico: ve y vende… dalo a los pobres… sígueme.

No hay ninguna condena de la riqueza, sino un cuestionamiento de la dinámica que nos lleva a buscarla. Jesús insiste en el presente porque ahí comienza el Reino de Dios, porque ahí comienzan las promesas del Antiguo Testamento. Y en el fondo, el Señor nos recuerda que no podemos controlar o manipular a Dios para que nos salve, sino solamente compartir nuestra vida con otras personas.

Rubén Corona, SJ - ITESO

“¡Escucha, sé prudente!”

El día de hoy el Señor nos envía un mensaje claro sobre una virtud que debe ser uno de los distintivos que como cristianos debemos portar, se refiere a la virtud de la prudencia.

La verdadera prudencia parte de una actitud de escucha, pues el escuchar es la actitud más importante y por la que Dios se comunica con su pueblo, la escucha es la forma en la que Dios se acerca y conmueve a su pueblo, la escucha es la capacidad por la que el hombre, creado a imagen de Dios se abre al misterio divino.

Cuando el hombre escucha se abre la profundidad de su corazón y logra contemplar el misterio de Dios, y Él, que ve en lo profundo del corazón, sopesa la intención con la que ese corazón se acerca a Él. Dios ha moldeado su forma, sabe lo que un corazón es capaz de contener y sostener, por tanto, no se escandaliza ni mucho menos se aqueja cuando un corazón se desvía de su verdadera meta.

El hombre fue hecho bueno, pues al heredar la imagen y semejanza de Dios, posee la capacidad de obrar el bien y manifestar la virtud en medio del mundo, el bien y la bondad que de Dios brotan son siempre en miras a procurar el bienestar de toda la comunidad, pues la bondad de Dios no depende de lo que el hombre hace sino de lo grande que es su amor.

Jesús, al cuestionar al joven rico, nos cuestiona a cada uno de nosotros acerca no del cumplimiento de los mandamientos, ni de las normas, ni del culto, sino sobre qué tan libre está nuestro corazón, que tan libre hemos tenido nuestra persona para poder hacer presente a Dios en medio de nuestra vida.

La libertad, la verdadera libertad, brota de un corazón desprendido, un corazón que ha aprendido a escuchar, a asimilar la voluntad de Dios y la ha sumado a su propia voluntad, un desprendimiento tal que es capaz de negarse a sí mismo, de negar el propio ego y la búsqueda del propio beneficio, es abandonar la búsqueda mezquina del tener por la búsqueda incesante del ser.

Esta es la invitación que el Señor Jesús nos hace este domingo, que desprendamos de nuestros corazones aquello que nos esclaviza, aquello que nos hace depender incluso de nosotros mismos, además de que abramos nuestro corazón para escuchar a Dios aun en medio del mundo y que escuchando su voz gocemos con la plenitud que nos tiene preparada a cada uno.

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