Una serie de rostros parece seguir con la mirada a quienes recorren las salas del Museo del Ara Pacis de Roma. Son los célebres Retratos de El Fayum, pequeñas pinturas que hace casi dos mil años acompañaron a las momias de hombres, mujeres y niños del Egipto romano y que hoy vuelven a enfrentarse a los ojos del público.La exposición reúne estas excepcionales imágenes funerarias para acercar a los visitantes a personas que vivieron entre los siglos II y III d.C., cuando Egipto formaba parte del Imperio romano. Más que simples representaciones de los difuntos, las pinturas conservan rasgos, peinados, vestimentas y expresiones que permiten asomarse a una sociedad marcada por el encuentro de dos tradiciones culturales.Los retratos proceden de la región de El Fayum, una fértil depresión del valle del Nilo situada al sur de El Cairo. Allí, estas delicadas tablillas fueron colocadas sobre las momias para identificar a los fallecidos y mantener, incluso después de la muerte, una representación reconocible de su rostro.Su existencia es también el resultado de un encuentro entre civilizaciones. Tras la incorporación de Egipto al dominio romano en el año 30 a.C., durante el gobierno de Augusto, las tradiciones funerarias egipcias comenzaron a convivir con formas artísticas procedentes de Roma, entre ellas el gusto por los retratos y las máscaras funerarias.El resultado fue una expresión singular, ya que Roma aportó una nueva manera de representar el rostro humano, mientras Egipto mantuvo la profunda importancia que concedía a la continuidad de la persona después de la muerte. Casi dos mil años después, esas miradas siguen siendo capaces de establecer un vínculo inesperadamente cercano con quienes las contemplan.Contemplar estos rostros en la penumbra del Ara Pacis es casi enternecedor pues permite mirar cara a cara a personas que pasaron por este mundo hace dos mil años y que quisieron ser recordadas.Su realismo y naturalismo influyó, inspiró e impactó a muchos de los grandes maestros de la historia, desde Matisse a Modigliani o Pablo Picasso. La exposición, de hecho, se abre con una frase del genio español: "¿Veis estas tablas? Toda la pintura moderna ya se hizo aquí. No hemos inventado absolutamente nada después de ellos".Los inmortalizados, como en 'fotos de carné', son hombres, muchos de ellos jóvenes, con barba y uno con un característico lunar en la nariz; mujeres bellamente peinadas a las que se les escapa un brillo en la mirada o criaturas cuya vida terminó demasiado pronto.Otros, como los protagonistas del 'Tondo de los dos hermanos', optaron por pasar a la posteridad juntos. "¿Eran hermanos? ¿Padre e hijo? ¿Maestro y pupilo? ¿Amantes? No lo sabemos", planteó Parisi Presicce ante algunas autoridades egipcias presentes en el evento.Eirene o Irene es solo una muchacha que, con un tocado vegetal y dorado, un manto rojizo y unos brillantes pendientes, mira fijamente a quien se le ponga delante. Se conoce su nombre gracias una oración inscrita en la pintura para encomendar su alma a Osiris.Pero, además, estas tablitas suponen un raro vestigio de la pintura y el retrato en la Antigüedad, que ha ido perdiéndose por su fragilidad, al contrario que los bustos y esculturas de duro mármol. Lo cierto es que resulta casi milagroso que hayan resistido al paso de los siglos dada la extrema fragilidad del material del que están hechas. Como base, láminas de pocos milímetros de espesor de madera de ciprés o encina, y la pintura con acuarela o cera.En total han llegado a Roma 50 retratos -algunos restaurados por expertos italianos en lo que ha sido celebrado como un auténtico acto de diplomacia cultural- y que se exponen junto a esculturas, sarcófagos o máscaras funerarias cedidas por otros museos, como los rarísimos sudarios de lino prestados por el Louvre de París. Ahora, estos retratos podrán ser admirados hasta el 2 de mayo de 2027, gracias a esta muestra, una de las más esperadas del calendario cultural romano.Y el lugar elegido para acogerlos no es casual, el Ara Pacis, el altar mandado construir por el emperador Augusto para celebrar la 'paz' que impuso por todo el 'Mare Nostrum', desde el reino del Nilo hasta los confines oceánicos de Hispania y Galia.TG