Domingo, 15 de Marzo 2026

Evangelio de hoy: La curación del ciego de nacimiento

Al ciego curado Jesús le revela que ha venido al mundo para realizar un juicio, para separar a los ciegos curables de aquellos que no se dejan curar, porque presumen de sanos

Por: Dinámica Pastoral UNIVA

«Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró». WIKIPEDIA/«Cristo curando al ciego», de Nicolas Colombel

«Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró». WIKIPEDIA/«Cristo curando al ciego», de Nicolas Colombel

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

1 Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a

En aquellos días, dijo el Señor a Samuel: “Ve a la casa de Jesé, en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey. Llena, pues, tu cuerno de aceite para ungirlo y vete”.

Cuando llegó Samuel a Belén y vio a Eliab, el hijo mayor de Jesé, pensó: “Éste es, sin duda, el que voy a ungir como rey”. Pero el Señor le dijo: “No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran estatura, pues yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”.

Así fueron pasando ante Samuel siete de los hijos de Jesé; pero Samuel dijo: “Ninguno de éstos es el elegido del Señor”. Luego le preguntó a Jesé: “¿Son éstos todos tus hijos?” Él respondió: “Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño”. Samuel le dijo: “Hazlo venir, porque no nos sentaremos a comer hasta que llegue”. Y Jesé lo mandó llamar.

El muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque éste es”. Tomó Samuel el cuerno con el aceite y lo ungió delante de sus hermanos. A partir de aquel día, el espíritu del Señor estuvo con David.

SEGUNDA LECTURA

Efesios 5, 8-14

Hermanos: En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por lo tanto, como hijos de la luz. Los frutos de la luz son la bondad, la santidad y la verdad. Busquen lo que es agradable al Señor y no tomen parte en las obras estériles de los que son tinieblas.

Al contrario, repruébenlas abiertamente; porque, si bien las cosas que ellos hacen en secreto da vergüenza aun mencionarlas, al ser reprobadas abiertamente, todo queda en claro, porque todo lo que es iluminado por la luz se convierte en luz.

Por eso se dice: Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.

EVANGELIO

Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista.

Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”.

Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera.

Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.

La curación del ciego de nacimiento

El evangelio de este IV domingo de Cuaresma del Ciclo A está tomado de San Juan y hace referencia a la curación del ciego de nacimiento. El tema principal del evangelio de Juan es el misterio de la Palabra eterna de Dios encarnada para traernos la sanación/salvación. Sus primeros 12 capítulos forman lo que ha sido llamado “Libro de los Signos”, en los cuales el Señor Jesús se va revelando a través de siete signos seguidos, cada uno de ellos con un discurso explicativo.

De esta manera, Jesús va rompiendo los esquemas de aquellos que creían que sabían quién era Él y pretendían encasillarlo en sus categorías y estereotipos. Tristemente, nosotros mismos tenemos esa actitud. Creemos que conocemos al Señor Jesús, que lo tenemos bien clasificado y etiquetado. Cuando hacemos una lectura orante de los evangelios, el mismo Señor se nos va revelando, sacándonos de nuestras distorsiones y mostrándonos quién es y en qué consiste su Buena Noticia.

El relato del evangelio de hoy inicia con la pregunta de los discípulos (aún inmersos en la oscuridad de una visión distorsionada de Dios como repartidor de premios y castigos): “¿Esta ceguera es un castigo por el pecado del ciego o por el de sus padres?” Cuántas veces nosotros también vivimos desde esta ceguera: creemos que Dios se parece a nosotros, que desde nuestro corazón egoísta quisiéramos premiar a quienes nos caen bien y castigar a aquellas personas que no piensan como nosotros.

El Señor corrige su error (y nuestro error) y, a través de la curación del ciego de nacimiento, revela uno de los “signos” que expresan su identidad: “Yo soy la luz del mundo”. Quien se acerca a Jesús, al Resucitado, recibe una luz que le permite contemplar el mundo desde la sensibilidad de Dios y actuar en él de una forma constructiva.

El relato del ciego de nacimiento está vinculado al del paralítico sanado en la fuente de Bethesda. Este último, ante la presión de las autoridades religiosas, duda en aceptar a Jesús como el Señor. Por el contrario, el ciego que recibe la vista defiende su confianza en Jesús en una serie de diálogos en los que contradice, con impecable lógica, los argumentos de las autoridades religiosas (fariseos). Buen ejemplo para nosotros, que muchas veces negamos nuestros valores y convicciones cristianas con tal de no ser criticados por nuestro entorno.

El final del evangelio es una advertencia e invitación: “Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los que se saben ciegos, vean, y para mostrar que los que creen que ven, en realidad están ciegos”.

Alexander Zatyrka,
SJ – ITESO

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