Domingo, 20 de Septiembre 2026

Evangelio de hoy: Los últimos serán los primeros

Incluso cuando nos parece que podemos hacer poco en la vida, siempre vale la pena

Por: Dinámica pastoral UNIVA

"¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti". WIKIPEDIA/"La parábola de los obreros de la viña", de Rembrandt

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Isaίas 55, 6-9

Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar,
invóquenlo mientras está cerca;
que el malvado abandone su camino,
y el criminal sus planes;
que regrese al Señor, y él tendrá piedad;
a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes,
sus caminos no son mis caminos, dice el Señor.
Porque así como aventajan los cielos a la tierra,
así aventajan mis caminos a los de ustedes
y mis pensamientos a sus pensamientos''.

SEGUNDA LECTURA

Filipenses 1, 20-24. 27

Hermanos: Ya sea por mi vida, ya sea por mi muerte, Cristo será glorificado en mí. Porque para mí, la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el continuar viviendo en este mundo me permite trabajar todavía con fruto, no sabría yo qué elegir.

Me hacen fuerza ambas cosas: por una parte, el deseo de morir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; y por la otra, el de permanecer en vida, porque esto es necesario para el bien de ustedes. Por lo que a ustedes toca, lleven una vida digna del Evangelio de Cristo.

EVANGELIO

Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: '¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?' Ellos le respondieron: 'Porque nadie nos ha contratado'. Él les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.

Al atardecer, el dueño de la viña dijo a su administrador: 'Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros'. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: 'Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor'.

Pero él respondió a uno de ellos: 'Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?'

De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos''.

La bondad de Dios

A simple vista, pareciera que el tema central del Evangelio de este domingo es la justicia. Sin embargo, una lectura más fina es capaz de fijar nuestra atención en otros temas más sutiles como la bondad de Dios y la envidia del corazón humano.

El momento crítico del pasaje irrumpe, aunque en silencio, cuando los que trabajaron más tiempo empezaron a albergar en sus corazones infundadas expectativas; ellos pensaban merecer más que los demás. El sentimiento de molestia, la envidia, terminó por instalarse en ellos una vez que, según lo acordado previamente, recibieron el pago justo de un denario por día.

Sin embargo, el dueño de la viña no fue injusto pues no engañó ni estafó a nadie, sino que fue fiel a su palabra. Es decir, los trabajadores de la primera hora se irritaron aun cuando el dueño fue justo con ellos; se molestaron porque envidiaron la situación de los trabajadores de la última hora, ante quienes el dueño se mostró excesivamente bueno.

El dueño desenmascaró la envidia de los trabajadores de la primera hora cuando les pregunta: “Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?”

A veces nos molesta que Dios (y a veces también quienes se dejan llevar por su Espíritu) sea especialmente bueno con aquellos que se encuentran en situaciones desfavorables: las víctimas, los marginados, los pobres, los excluidos. Pero la fe nos permite reconocer que Dios es Dios precisamente porque su bondad no tiene medida. Ahí se juega nuestra vocación cristiana: ¿nos atrevemos a imitar esa forma de ser de Dios?, ¿o nos incomodan los actos de bondad que van más allá del orden establecido por la “justicia” de nuestro mundo?

Juan Pablo Romero, SJ - ITESO

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