Lunes, 12 de Octubre 2026

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“Réquiem” cuestiona los límites de la justicia

Una fiscal y un sacerdote confrontan sus convicciones horas antes de una ejecución. Bruno Bichir y Marimar Vega protagonizan una obra que confronta la pena de muerte y el perdón

Por: El Informador

La obra pone de cabeza las certezas que ambos personajes tienen sobre sus valores. CORTESÍA

La obra pone de cabeza las certezas que ambos personajes tienen sobre sus valores. CORTESÍA

La pena de muerte, la culpa, el perdón y los límites de la justicia son los temas centrales de “Réquiem”, obra que Bruno Bichir y Marimar Vega presentarán en Guadalajara el próximo 14 de octubre, en el Teatro José Pablo Moncayo de PALCCO.

La historia transcurre en una prisión de máxima seguridad en Texas, en una sala de espera y horas antes de la ejecución de un niño de entre nueve y 11 años, condenado a muerte por un crimen que la propia obra plantea como atroz. En ese espacio coinciden una fiscal, interpretada por Vega, y un sacerdote, encarnado por Bichir, quienes sostienen posturas enfrentadas sobre la aplicación de la pena capital.

En entrevista con EL INFORMADOR, Bichir explica que el montaje no busca enfrentar simplemente los argumentos de dos personajes, sino mostrar cómo, conforme avanza la conversación, ambos comienzan a cuestionar sus propias certezas.

“Es un trabajo, un debate de ideas, de emociones. Sin duda, es una obra muy emocionante, muy conmovedora. Pero es un debate feroz de dos ideas contrapuestas sobre la pena de muerte, sobre la función de la justicia”, explicó.

El sacerdote llega a la prisión para brindar el último perdón al menor, mientras que la fiscal defiende la pena de muerte después de haber llevado el caso. A partir de ese encuentro, ambos personajes confrontan sus argumentos en tiempo real.

“Los dos se cimbran, dudan, se confrontan a sí mismos a partir de los espléndidos buenos argumentos del otro. Y entonces el espectador lo que se lleva es un tsunami de ideas muy bien ejecutadas por el autor, por nuestro dramaturgo mexicano contemporáneo Reynaldo Robledo”, señaló Bichir.

La puesta en escena tiene una duración aproximada de una hora y 15 minutos, con ambos actores permanentemente sobre el escenario. El texto, de corte realista, evita recurrir a simbolismos para concentrarse en la discusión entre los personajes.

Bichir destaca que esta estructura permite que el debate no termine cuando concluye la función, sino que el público pueda trasladarlo a otros espacios.

“El debate sigue extra obra de teatro, se lo llevan a sus casas, a sus centros de trabajo, con sus amigos, familiares y se sigue discutiendo el asunto y eso es lo más valioso que el teatro puede otorgarle a una comunidad”, afirmó.

El actor señala que una de las características de “Réquiem” es que no pretende convencer al público de adoptar una postura determinada. La obra presenta dos visiones opuestas y deja que cada espectador construya su propia interpretación.

“En teatro esa es su función, el teatro no le toca resolver, le toca elaborar de la mejor manera preguntas importantes”, sostuvo.

Bichir considera que el arte puede generar reflexión a partir de la experiencia emocional, antes que mediante un discurso explícitamente aleccionador. En “Réquiem”, esa experiencia parte del enfrentamiento entre la fiscal y el sacerdote.

“El teatro descansa, por supuesto, en la argucia de la palabra, pero descansa también en la honestidad, descansa también en la poesía, descansa en el ritmo, en la estética, descansa en la sensibilidad. Nuestro primer paso es abrir, tocar el alma del espectador”, explicó.

Un pedazo de vida sobre el escenario

Bruno Bichir destacó que “Réquiem” permite observar a los personajes más allá de sus posturas iniciales, pues sus historias personales y las circunstancias que surgen durante la conversación modifican la manera en que enfrentan el caso.

El montaje, además, coloca al público ante una situación a la que difícilmente tendría acceso: una conversación privada que ocurre antes de que los personajes sean llamados para acompañar el procedimiento de ejecución.

“Esto sucede en una sala de espera antes de que les digan: ‘Pues ya, van a ejecutar al niño y hay que ir al lugar donde va a suceder este asunto’. Entonces, mientras a ese lugar no tiene acceso nadie, ni siquiera un guardia, están ahí en una salita”, explicó.

La intención de los intérpretes es construir la sensación de que el público está presenciando un fragmento de vida.

“Eso hace que el espectador tenga posibilidades de ver algo que no podría ver o escuchar de ninguna otra manera y nuestra interpretación como actores, como profesionales de las artes escénicas, tiene que ver con crear toda la ilusión, todas las herramientas para que estén viendo un pedacito de vida”, agregó.

A su regreso a Guadalajara, Bichir también habló de su relación con la ciudad, que considera uno de los lugares que más ha visitado a lo largo de su trayectoria profesional.

“Es una maravilla estar en Guadalajara”, afirmó.

El actor aprovechó para destacar la tradición teatral de México y la experiencia que supone compartir un mismo espacio entre intérpretes y espectadores.

“Al pueblo mexicano le gusta ser, digo yo, respirar el mismo aire al mismo tiempo que los ejecutantes, que los magos que están ahí sacando el conejito del sombrero a tus ojos. Y que no hay inteligencia artificial o no que ayude a que eso suceda. Estamos desnudos todos ahí en un ritual”, señaló.

Guadalajara, agregó, forma parte de ese circuito de actividades escénicas y encuentros en vivo que mantienen vigente la relación entre artistas y público.

Un debate sin vencedores

Bruno Bichir encontró en “Réquiem” uno de los textos más estimulantes de su carrera, una obra que lo conquistó por la profundidad de sus planteamientos y el enfrentamiento entre dos visiones opuestas de la justicia. 

“Cuando leí la obra no sabía qué me iba a esperar. Sabía de los talentos de nuestro dramaturgo, pero a la hora de leerlo me remitió a todas esas buenas obras de teatro que me gusta leer, que me gusta ver y que me gusta ejecutar. Entonces, era una necesidad personal entrar a este texto, de los mejores textos que he hecho en mi carrera profesional”, comentó.

La discusión también plantea los límites de la justicia y las razones por las que las sociedades recurren al castigo. La fiscal representa una postura vinculada con la aplicación de la ley, mientras que el sacerdote defiende la vida, el amor y el perdón.

“Por eso nadie gana en la obra, en todo caso todos pierden porque tenemos que continuar el debate hasta que encontremos una respuesta en la paz y en el amor”, afirmó Bichir.

La ausencia de una conclusión única es, precisamente, uno de los ejes centrales del montaje.

“No hay panfleto. No hay aleccionamiento, son dos seres humanos sin duda, totalmente contrapuestos”, dijo.

La justicia también duda

La puesta en escena “Réquiem” llega al Teatro José Pablo Moncayo de PALCCO, el 14 de octubre, a las 20:00 horas.

CT

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