Viernes, 11 de Septiembre 2026

Las vacas que regresan de los Alpes con coronas; así es el Viehscheid (VIDEO)

Lejos de ser solo una fiesta de vacas, este festival, además de un profundo significado simbólico, tiene una utilidad clave para la agricultura

Por: Tomás Iván García Enciso

Viehscheid y Almabtrieb son los nombres de la fiesta anual que tiene lugar a finales de verano. EFE

Viehscheid y Almabtrieb son los nombres de la fiesta anual que tiene lugar a finales de verano. EFE

Cuando septiembre anuncia el final del verano en los Alpes bávaros, miles de vacas comienzan el descenso hacia los valles. El espectáculo, conocido como Viehscheid en la región de Allgäu y como Almabtrieb en otras zonas alpinas, es mucho más que un desfile de ganado: representa el cierre de un ciclo agrícola y una celebración de la relación entre las comunidades y la montaña.

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Durante alrededor de 80 a 120 días, el ganado aprovecha los pastos de altura mientras los pastores permanecen en las montañas. Estas áreas son parte fundamental de la economía rural alpina, pues permiten utilizar terrenos que no podrían aprovecharse de la misma manera para la agricultura convencional.

Una tradición ligada a la agricultura

Cuando llega el otoño, el frío y las primeras nevadas hacen necesario regresar al valle. Las vacas son entonces reunidas y conducidas hasta el llamado Scheidplatz, donde cada animal es separado de la manada y devuelto a su propietario. De esta acción procede precisamente el nombre Viehscheid: Vieh significa ganado y scheiden, separar.

 

El sistema también tiene una dimensión productiva. En Allgäu, las cooperativas alpinas reciben durante el verano animales pertenecientes a diferentes granjas. En las zonas altas, el ganado aprovecha los pastizales y, en el caso de las vacas lecheras, su alimentación contribuye a la producción de productos tradicionales como el queso de montaña de Allgäu.

Cuando una vaca se convierte en símbolo

Uno de los elementos más llamativos es la Kranzrind, la vaca que encabeza el rebaño con una elaborada corona. Pero el adorno no está pensado únicamente como un accesorio estético.

La corona es una señal de que el verano terminó sin una desgracia para la manada. Si todos los animales regresan con vida y no hubo accidentes graves, el animal elegido como líder recibe este reconocimiento. Por eso la corona representa la seguridad, la gratitud y el buen término de la temporada.

Su diseño cambia según la localidad y las intenciones, en Allgäu pueden utilizarse flores y ramas naturales, mientras que en otras regiones se incorporan pino, flores artificiales o cintas. La cruz es otro elemento recurrente: en las comunidades católicas simboliza la fe y el agradecimiento por haber atravesado el verano sin una tragedia.

Incluso las correas de las campanas cuentan una historia. En Baviera pueden utilizar los colores azul y blanco, asociados a la bandera del estado; en Austria aparecen combinaciones de rojo y blanco, mientras que en Suiza puede incorporarse una cruz roja. Algunas llevan además el nombre del propietario o frases religiosas como “Dios bendiga este rebaño”.

El sonido que anuncia el regreso

Las grandes campanas y cascabeles completan la imagen del Viehscheid. Su sonido acompaña a los animales durante el descenso y se convierte en una de las características más reconocibles de la celebración.

Al llegar al valle, comienza la parte práctica: los animales son separados y entregados nuevamente a sus propietarios. Después llega la celebración, con música tradicional, cerveza, comida regional, mercados y reuniones comunitarias. En localidades como Oberstdorf, el regreso puede reunir alrededor de mil animales.

Hoy el Viehscheid también atrae a numerosos visitantes. En aproximadamente 30 localidades de Allgäu regresan cada año unos 30 mil animales, convirtiendo una necesidad de la agricultura alpina en uno de los grandes acontecimientos culturales de la región.

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Por eso, detrás de las fotografías de vacas coronadas existe una idea mucho más antigua: el Viehscheid marca el momento en que la comunidad reconoce que otro verano en la montaña ha terminado. El ganado vuelve al valle, los pastores concluyen su temporada y las personas agradecen a la naturaleza por haberles permitido completar un ciclo más.

Así, una tradición que nació de una necesidad agrícola terminó convirtiéndose también en una expresión de identidad. Las coronas, los colores, las cruces y las campanas no son simples adornos: forman un lenguaje simbólico que cuenta la historia de una comunidad que, desde hace generaciones, aprendió a vivir de acuerdo con el ritmo de las montañas. 

TG

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