En un despliegue sin precedentes, Cadillac detuvo el tiempo en el corazón de Nueva York y justo al finalizar el Super Bowl para presentar al mundo su primer monoplaza de Fórmula 1. No es solo un coche; es el símbolo de una nueva era. Con el respaldo de General Motors, la escudería estadounidense ha logrado lo que muchos creían imposible: unir la experiencia quirúrgica de Valtteri Bottas con la resiliencia y el misticismo de Sergio "Checo" Pérez. El auto es una oda a la ingeniería del siglo XXI. Luciendo un chasis más compacto y una estética que grita "potencia pura", el bólido de Cadillac destaca por su audaz paleta de colores en negro y plata, rematada por el icónico emblema de la corona y los laureles en el morro. Pero la verdadera magia ocurre bajo la fibra de carbono: una aerodinámica activa revolucionaria que promete cambiar las reglas del juego en cada rebase. "Estamos aquí para ganar, no para desfilar", sentenció el equipo durante la activación en Times Square. Mientras Bottas aporta la precisión técnica de sus años en Mercedes, "Checo" llega con el hambre de quien busca su consagración definitiva fuera de Red Bull. Con motores rugiendo y la bandera de barras y estrellas ondeando en el paddock, Cadillac no solo debuta; amenaza con sacudir los cimientos del "Gran Circo". La misión ha comenzado, y el mundo entero estará mirando. EE