Jueves, 17 de Septiembre 2026

“Jíkuri”, entre los sueños, la memoria y lo sagrado

Federico Cecchetti construye un relato de ficción inspirado en el viaje del poeta francés y explora, a través de un corredor rarámuri, distintas formas de entender la realidad

Por: El Informador

La cinta explora, a través de los sueños, el encuentro entre Antonin Artaud y la cosmovisión rarámuri. CORTESÍA

La cinta explora, a través de los sueños, el encuentro entre Antonin Artaud y la cosmovisión rarámuri. CORTESÍA

El viaje que Antonin Artaud realizó a la Sierra Tarahumara en 1936 llevó a Federico Cecchetti a emprender una investigación de cinco años para construir “Jíkuri: Viaje al país de los Tarahumaras”, película que hoy tendrá una función especial en el Cineforo de la Universidad de Guadalajara, como parte de su estreno en México.

En entrevista con EL INFORMADOR, Cecchetti cuenta que la historia del poeta y dramaturgo francés no era solo un episodio de su vida. Al acercarse a sus textos y a su relación con la cultura rarámuri, encontró un relato que le permitía explorar el encuentro entre dos formas de entender el mundo.

“Para mí el viaje de Artaud es un viaje de proporciones épicas, y épicas en el sentido más psicológico. Es un viaje a las profundidades del alma humana y, al mismo tiempo, a la vastedad de la Sierra Tarahumara”.

La película parte del recorrido de Artaud por la sierra y de su libro “De un viaje al país de los Tarahumaras”, pero no busca reconstruir de manera literal aquella experiencia. Cecchetti tomó elementos de los textos del francés y los convirtió en una historia propia, con el corredor rarámuri Rayenari como protagonista.

El largometraje, protagonizado por François Negret y José Cruz Apachoachi, establece un vínculo entre Artaud y Rayenari a través de los sueños. En la película, el mundo onírico funciona como un espacio de encuentro entre ambos personajes y como una vía para acercarse a la cosmovisión rarámuri.

“Su libro estaba dividido en dos momentos, básicamente, que es en la sierra y el manicomio. En la Sierra Tarahumara, Artaud vivió este encuentro de manera muy feliz; fue un viaje muy liberador para él. Y luego, cuando estaba encerrado en el manicomio al regresar a Francia, entre la muchísima literatura que produce, él regresa frecuentemente a este viaje a la sierra, pero ahora lo ve de otra manera”, señaló.

Esa diferencia en la manera de recordar el viaje fue uno de los puntos que Cecchetti llevó a la estructura de la película. La experiencia de Artaud primero aparece ligada al descubrimiento y después adquiere una dimensión distinta, marcada por sus recuerdos y reinterpretaciones.

El director también modificó su propia posición frente a la comunidad que retrata. Para realizar la película pasó varios años acercándose a la Sierra Tarahumara antes de comenzar el rodaje.

“De una manera, yo soy un chavochi, como Artaud. Chavochi es como nombran a los extranjeros en la comunidad. Y yo, como chavochi, al igual que hizo Artaud, tuve que hacer un viaje de conocimiento, de reconocimiento”, relató.

Entre su primera visita y el momento en que comenzó la filmación transcurrieron alrededor de cinco años. Durante ese periodo, Cecchetti regresó de manera frecuente a la región y buscó establecer una relación con las personas y comunidades con las que trabajaría.

“Cuando uno llega con una intención honesta y con ganas de hacer una conexión desde el corazón y llega a aprender, lo que al principio podría ser una barrera de resistencia e incluso rechazo, cambia. Se transforma completamente y se convierte casi como en un abrazo”, afirmó.

Esa convivencia también modificó su aproximación al proyecto. El cineasta buscó comprender la forma en que los rarámuris se relacionan con su territorio y con aquello que consideran sagrado.

Además, los sueños ocuparon un lugar central en ese proceso. Cecchetti explicó que, dentro de la cosmovisión rarámuri, soñar no tiene únicamente una dimensión psicológica, sino que puede entenderse como una experiencia de desplazamiento y encuentro.

“Para ellos los sueños son un espacio donde hay una interacción real. No meramente psicológica. Incluso ellos hablan de que soñar es pasear. Se van a pasear en la sierra y se encuentran ahí”, explicó.

Cine de lo desconocido

Los sueños son también una forma de viaje en el universo que propone Federico Cecchetti. A partir de esta concepción, “Jíkuri” conecta a Rayenari con Antonin Artaud más allá del espacio físico y explora la relación entre la espiritualidad rarámuri y los intereses del poeta francés por la mística y las experiencias fuera de la realidad cotidiana.

Jíkuri” representa la segunda película de una trilogía que Cecchetti desarrolla alrededor de distintas culturas originarias de México. La primera fue “El sueño del Mara’akame” (2016), centrada en la cultura wixárika. Con esta nueva cinta, el director continúa su búsqueda desde la Sierra Tarahumara y la experiencia rarámuri.

“Para mí el cine es eso, es como un pretexto para ir a hacer aventuras. Hago un cine muy aventurero, me gusta irme a encontrar a mí mismo a través de lo nuevo y de lo desconocido y de lo que no me es familiar”, comentó.

El rodaje en la sierra reforzó esa relación con la naturaleza y con los espacios alejados de las ciudades. Cecchetti recuerda las caminatas de varias horas que forman parte de la vida cotidiana de algunas comunidades y la relación que mantienen con las montañas.

“Es como un lugar que siento que te expande y no solo por las dimensiones, por lo inconmensurable que es la sierra, sino por la profundidad que tienen los rarámuris de cómo se conectan con esas montañas”, dijo.

La película tuvo su recorrido por festivales antes de llegar a su estreno en salas. Entre sus antecedentes se encuentra su participación en la Competencia Mezcal del Festival Internacional de Cine en Guadalajara. También ha sido presentada en otros encuentros cinematográficos.

Para Cecchetti, uno de los retos actuales está en llevar la película a públicos que quizá no suelen acercarse a este tipo de propuestas.

“Creo que competimos con una industria que tiene ya como muchos formatos, está muy formateada y muy etiquetada, así como nuestra sociedad. Y entonces, de repente, cuando alguien se sale de las etiquetas o de las convenciones, es difícil colocarlo en algún lugar”, señaló.

El director define “Jíkuri” como un “thriller metafísico”, con suspenso, enigmas y un viaje que sigue la transformación de sus personajes. La película llegará a las salas mexicanas a partir de hoy de acuerdo con la información de distribución consultada (Imcine).

CT

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