Puro baile, puro grito y pura fiesta. Así fue el concierto de Panteón Rococó la noche de hoy en Guadalajara, donde la banda originaria de la alcaldía Gustavo A. Madero, en Ciudad de México, puso a moverse a miles de tapatíos que no tuvieron un instante de descanso desde los primeros acordes.Ska, cumbia, danzón, salsa y montunos al piano convirtieron el Coliseo GNP Seguros en un sonidero a cielo abierto. Bailar era inevitable: personas de todas las edades sacaban sus mejores pasos, dejaban su huella en la pista, saltaban y revoloteaban, e incluso se aventuraban a hacer slam en gradas, pasillos, balcones y la zona general, al ritmo frenético de los músicos.“Estamos todos listos, preparados esta noche. Esta noche celebramos Panteón Rococó, generación del 95”, se escuchó por las bocinas, con un estruendo que parecía hacer vibrar el aire mismo.Dr. Shenka, nombre artístico de Luis Román Ibarra, conquistó a los tapatíos sin demasiado esfuerzo. Se movía por el escenario, jugaba con las letras de sus canciones e invitaba al público a bailar y cantar. Entre bromas y ocurrencias, cotorreaba con la multitud y se dirigía a ella con un lenguaje cercano, desenfadado y parrandero. Su voz resonaba por todo el recinto.“Buenas noches, ¿cómo estás? Qué gusto volverte a ver, qué gozoso. Gracias”, expresó el vocalista.“Punk-O”, “Asesinos” y “La ciudad de la esperanza” fueron algunos de los temas elegidos para arrancar la noche. No había espacio para el descanso. La fiesta continuó con Los Caligaris y Los Auténticos Decadentes, cuyas presentaciones desataron una oleada de gritos, silbidos y cánticos colectivos que, por momentos, parecían imponerse al sonido de las congas, las trompetas y los timbales.“Cómo no bailar, tienen puro sabor estos compas, son leyendas”, dice Joaquín Monteón, de 50 años, empapado en sudor y salpicado por la lluvia de cerveza. “Ya los he visto como seis veces, es puro deleite. Son unos grandes”.Pero entre el público también había espacio para los nuevos seguidores. Panteón Rococó atrajo a fanáticos que apenas comienzan a descubrir su música. Es el caso de Luis Álvarez, de 25 años, quien conoció a la agrupación hace apenas unas semanas, gracias a su participación en el formato Tiny Desk Concert, cuya difusión viral acercó a la banda mexicana a públicos más amplios. El joven tapatío quedó fascinado con la propuesta musical y no dudó en asistir al concierto en cuanto se enteró de que la agrupación se presentaría en Guadalajara.“La verdad es que quedé muy impresionado. Yo nunca había escuchado sus canciones y, pues, acá andamos. Tienen muy buen ambiente, muy buena música; nos la estamos pasando muy chido”, aseguró.Por su parte, Los Caligaris echaron mano de algunos de sus temas más reconocidos, entre ellos “Kilómetros”, “Todos locos” y “Nadie es perfecto”, además de un repertorio de clásicos que hizo vibrar las gradas del Coliseo.Panteón Rococó, en tanto, se guardó sus ases bajo la manga para el momento preciso. “La dosis perfecta”, “Vendedora de caricias” y, sobre todo, “La carencia” transformaron a la multitud en un oleaje humano: una masa que saltaba y gritaba, un estruendo colectivo que retumbaba en los oídos.Sobre el escenario, Dr. Shenka sonreía, avivaba el escándalo y animaba a todos a bailar y seguir cantando. Porque esa carencia de la que habla la banda parece ser la misma de hace tres décadas: la que se padece a diario en los trabajos, en los salarios que nunca alcanzan y en las cuentas que no salen. Una realidad que, aunque no desaparece, parece un poco más llevadera durante unos instantes, gracias al canto compartido y al baile.Al final, Panteón Rococó y Los Caligaris convirtieron la noche de Guadalajara en un sonidero, un bailongo incesante para recordar. CT