Jueves, 30 de Abril 2026

¡Un lémur suelto en el cine!

Bajo la dirección de Leopoldo Aguilar, debuta en carteleras una obra cinematográfica mexicana realizada en animación tradicional 2D

Por: El Informador

La cinta presenta la amistad entre una niña de nombre Irene y un lémur. ESPECIAL

La cinta presenta la amistad entre una niña de nombre Irene y un lémur. ESPECIAL

Tras casi una década de trabajo silencioso, correcciones técnicas y resistencia creativa, la película animada “Bem, un lémur en fuga”, dirigida por Leopoldo Aguilar, llega a las salas de cine con la ambición de demostrar que la animación mexicana puede dialogar con el público desde su propia identidad, sin renunciar a la emoción ni a la cercanía con la vida cotidiana.

El proyecto, que implicó la participación de más de 150 personas durante ocho años, se estrena hoy, 30 de abril -coincidiendo con el Día del Niño-, representando un momento significativo para un sector que históricamente ha enfrentado limitaciones presupuestales, técnicas y de distribución, pero que poco a poco ha encontrado espacios para consolidarse.

En entrevista con EL INFORMADOR, el director Leopoldo Aguilar reconoció que el origen de la película se remonta a una intuición creativa: una historia distinta, con un tono emocional que lo llevó a comprometerse con un proceso largo y exigente. “El proyecto y esta historia tienen un alma muy diferente a lo que me había tocado dirigir previamente y eso fue lo que me llamó mucho la atención. Aquí estamos, unos ocho años después, platicando ya del estreno”, explicó.

“Bem, un lémur en fuga” narra la historia de Irene, una niña que vive con una condición médica que limita su contacto con el exterior y que, por ello, ha desarrollado una relación compleja con el miedo y la soledad. Su rutina cambia cuando conoce a un pequeño lémur que escapa de un laboratorio y se convierte en su compañero inesperado. Juntos emprenden un viaje que, más allá de la aventura física, funciona como un proceso de crecimiento emocional. 

La película es un relato centrado en la amistad, la valentía y la necesidad de enfrentar aquello que provoca temor. A través de la relación entre la niña y el animal, la historia explora la idea de que la transformación personal comienza cuando alguien decide salir de su zona de seguridad y confrontar la realidad. Para el director, esa dimensión emocional constituye la raíz del proyecto. “No sentirnos lo suficientemente fuertes para enfrentar la vida creo que no es algo exclusivo de la infancia o de la adultez. Todos, en algún momento, pasamos por ese momento donde no sabemos cómo asumir la realidad. La única forma de enfrentar a tus miedos es cruzándolos”, explicó.

Un terreno de resistencia

“Bem, un lémur en fuga” se inserta en una discusión más amplia sobre la producción de animación en México. Según Aguilar, el país cuenta con una tradición todavía limitada en este campo: apenas unas decenas de largometrajes animados han sido producidos a lo largo de su historia. El director compartió que cada proyecto implica un esfuerzo colectivo de gran escala y una inversión emocional sostenida durante años. “Somos un montón de gente los que estamos involucrados. Uno como director es el que da la cara, pero somos un equipo de más de 150 personas trabajando en la realización de una película. Entendemos la naturaleza compleja de hacer animación”, comentó.

La diferencia económica entre producciones nacionales y extranjeras también forma parte de esa realidad. Mientras que una superproducción internacional puede contar con presupuestos multimillonarios, las películas mexicanas suelen realizarse con recursos significativamente menores. Sin embargo, Aguilar insistió en que la creatividad y el compromiso compensan esas limitaciones. “Una película americana puede costar miles de millones de pesos; una película como esta cuesta una fracción mínima. Pero la pasión y las ganas de hacer algo que conecte con la gente están siempre”, afirmó.

Uno de los rasgos distintivos de la película es su ambientación en espacios reconocibles para el público mexicano. Lejos de recrear escenarios abstractos o genéricos, el equipo creativo decidió construir un universo inspirado en la vida diaria: calles de barrio, casas familiares y personajes que remiten a la experiencia colectiva. El objetivo era que los espectadores se reconocieran en la pantalla. “Queríamos que la gente pudiera ver a su tía, al señor de la esquina, al señor de la tiendita. Estas personas que habitan nuestro cotidiano eran como un homenaje para ellos”, explicó el director.

Esa decisión responde también a una preocupación por la representación cultural en la animación dirigida a la infancia. Aguilar considera que muchos niños mexicanos consumen historias ambientadas en contextos lejanos, sin la oportunidad de ver reflejada su propia realidad. “Las audiencias infantiles tienen pocas oportunidades de ver proyectos con los que puedan conectar y donde puedan ver en pantalla sus propias realidades. Este proyecto es un homenaje al barrio y a la vida cotidiana”, dijo.

El tiempo como condición del oficio

El proceso de producción de la película se extendió durante ocho años, un periodo que el director describe como una prueba de resistencia emocional y profesional. La animación, explicó, exige constancia y paciencia, cualidades que rara vez son visibles para el público. “Yo siempre digo que la gente que hacemos animación somos maratonistas. Tenemos que administrar nuestro recurso interno durante mucho tiempo. Es un trabajo largo”, dijo.

A pesar del desgaste que implica un proyecto de esta duración, el equipo mantuvo la convicción de que la historia merecía llegar a las salas de cine: el estreno en más de quinientas salas en todo el país representa un logro colectivo. “Cada película que se hace en México es un logro. Esto es gracias a la dedicación y al esfuerzo de más de 150 mexicanos que trabajamos durante ocho años para poder llevarla a la pantalla”, afirmó.

El lanzamiento de “Bem, un lémur en fuga” coincide con un momento de transformación para la animación nacional, marcada por el crecimiento de nuevas generaciones de creadores y por el interés del público en contenidos locales. Para Aguilar, el reto principal consiste en mantener la continuidad de estos proyectos y consolidar una industria que todavía se encuentra en proceso de construcción. “Estamos buscando que estas formas de contar historias no se mueran. Queremos que la animación mexicana siga creciendo y que cada vez llegue a más niños y más familias”, expresó.

“Lo único que puedo decir es que está hecha con mucho amor y con mucho cariño. Esperamos que la gente nos acompañe y que la reciba con la misma emoción con la que nosotros la hicimos”, finalizó.

CT

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