Miércoles, 12 de Agosto 2026
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Expertos de la UNAM explican por qué las personas sienten miedo después de un sismo

Los especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México aclararon si este puede ser un trastorno clínico real y le dieron una explicación al fenómeno

Por: Tomás Iván García Enciso

El miedo ante la posibilidad de un terremoto es una respuesta natural del organismo frente a una situación que puede representar un peligro real. CANVA

El miedo ante la posibilidad de un terremoto es una respuesta natural del organismo frente a una situación que puede representar un peligro real. CANVA

Después de vivir un sismo, es común que algunas personas permanezcan atentas a cualquier movimiento, ruido o vibración que pueda recordarles lo ocurrido. En algunos casos, esta sensación puede mantenerse durante días o incluso aumentar cuando existe la posibilidad de que vuelva a temblar.

En redes sociales, este temor ha comenzado a identificarse como tremofobia, particularmente después de los grandes sismos que han afectado a México. Sin embargo, especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) señalan que utilizar este término como si se tratara de un diagnóstico psicológico puede ser incorrecto.

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De acuerdo con Hugo Sánchez Castillo, profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM, la llamada tremofobia puede relacionarse con las consecuencias que un sismo deja en la salud mental, especialmente cuando una persona desarrolla ansiedad, estrés o síntomas relacionados con el estrés postraumático.

¿Tener miedo a un sismo significa tener una fobia?

No necesariamente. El miedo ante la posibilidad de un terremoto es una respuesta natural del organismo frente a una situación que puede representar un peligro real.

El profesor Ricardo Trujillo Correa explicó que utilizar términos como tremofobia para describir cualquier temor ante los sismos puede contribuir a patologizar situaciones de la vida cotidiana, es decir, convertir reacciones humanas normales en supuestos problemas psicológicos.

     

Desde esta perspectiva, sentir miedo después de experimentar un temblor no significa automáticamente que una persona tenga un trastorno. El miedo cumple una función importante: prepara al organismo para reaccionar ante una amenaza.

“El miedo nunca desaparece”, señaló Trujillo Correa, quien explicó que esta emoción no debe considerarse necesariamente negativa. Por el contrario, puede ser una respuesta adaptativa que ayuda a las personas a identificar riesgos y actuar para protegerse.

Sánchez Castillo también destacó que el miedo forma parte de los mecanismos relacionados con la supervivencia. Ante un sismo, permanecer alerta puede ayudar a una persona a reaccionar con mayor rapidez ante una situación de emergencia.

¿Cuándo el miedo después de un sismo puede convertirse en un problema?

Aunque sentir temor es normal, la situación puede requerir atención cuando la reacción emocional se vuelve excesiva, persistente o comienza a interferir con las actividades cotidianas.

Después de un evento sísmico, algunas personas pueden experimentar ansiedad, dificultades para dormir, sobresaltos constantes, pensamientos recurrentes sobre la posibilidad de otro terremoto o una sensación permanente de peligro.

En casos más intensos, la experiencia puede relacionarse con estrés postraumático, especialmente cuando el sismo provocó pérdidas, lesiones, daños materiales importantes o una sensación de peligro extremo.

La diferencia está entonces en el impacto que tiene el miedo sobre la vida cotidiana. Sentir cierta preocupación ante un nuevo movimiento es una reacción esperable; vivir constantemente con la sensación de que un terremoto está a punto de ocurrir puede convertirse en una situación que merece atención.

Por ello, los especialistas llaman a no avergonzarse por sentir miedo. Reconocer la emoción y hablar sobre ella puede ser más útil que intentar ocultarla o asumir que necesariamente existe un problema psicológico.

¿Por qué México es un país con alta actividad sísmica?

México se encuentra en una zona geológica donde confluyen cinco placas tectónicas: Norteamericana, Cocos, Pacífico, Rivera y Caribe. Las placas tectónicas son enormes bloques de la corteza terrestre que se encuentran en movimiento constante. La interacción entre ellas genera diferentes fenómenos geológicos, entre ellos los sismos.

Por esta razón, la actividad sísmica forma parte de las características naturales del territorio mexicano. Sin embargo, que México registre temblores con frecuencia no significa que pueda determinarse con anticipación cuándo ocurrirá uno de gran magnitud.

Los expertos recuerdan que los sismos no pueden predecirse con precisión. Cada movimiento ocurre bajo condiciones geológicas particulares, por lo que no existe un método científico que permita establecer de antemano el día, la hora y el lugar exactos de un terremoto.

¿En septiembre tiembla más en México?

La preocupación aumenta especialmente durante septiembre debido a que algunos de los terremotos más recordados de la historia reciente de México ocurrieron durante ese mes.

Los terremotos de 1985 y 2017, ambos registrados el 19 de septiembre, forman parte de la memoria colectiva de millones de mexicanos. En 2022, además, otro sismo de gran magnitud volvió a ocurrir el mismo día.

Esta coincidencia ha alimentado la percepción de que septiembre es un mes particularmente sísmico. Sin embargo, que varios terremotos importantes hayan ocurrido en fechas similares no significa que exista una relación que permita anticipar nuevos movimientos.

La Tierra mantiene actividad sísmica durante todo el año y los movimientos ocurren constantemente en diferentes regiones del planeta. Por ello, no existe evidencia que permita afirmar que septiembre sea un mes en el que necesariamente habrá más terremotos en México.

La prevención puede ayudar a controlar el miedo

Aunque no es posible saber cuándo ocurrirá el próximo gran sismo, sí existen acciones que pueden reducir sus consecuencias.

Los especialistas destacan la importancia de mantener una cultura de prevención, que incluye participar en simulacros, conocer las rutas de evacuación, identificar zonas seguras y establecer con la familia un plan para actuar en caso de emergencia.

Tener preparada una estrategia también puede ayudar emocionalmente. Saber qué hacer ante un movimiento sísmico permite sustituir parte de la incertidumbre por acciones concretas. Los simulacros, por ejemplo, tienen como objetivo practicar una respuesta que pueda ejecutarse de manera más automática ante emergencia real.

En el ámbito familiar también puede ser útil hablar sobre los temblores con niñas, niños y adolescentes, explicarles qué ocurre durante un sismo y evitar transmitir información alarmista o rumores sobre supuestas predicciones.

De esta manera, sentir miedo ante un sismo puede convertirse en una señal para prepararse y no necesariamente en una razón para vivir en constante angustia.

¿Cuando deja de ser miedo y se convierte en un trastorno?

La llamada “tremofobia”, por tanto, no debe utilizarse para etiquetar automáticamente a todas las personas que sienten temor después de un terremoto. El miedo es una emoción humana normal y puede cumplir una función protectora.

Cuando esa sensación se vuelve persistente, desproporcionada o interfiere con el sueño, el trabajo, los estudios o las actividades cotidianas, sí puede ser conveniente buscar orientación de un profesional de la salud mental.

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La recomendación de los especialistas es reconocer el miedo sin estigmatizarlo, pero también aprender a identificar cuándo deja de ser una respuesta adaptativa y comienza a afectar la calidad de vida.

En un país con actividad sísmica como México, probablemente el objetivo no sea vivir sin miedo a los temblores, sino aprender a responder ante ellos con preparación, información y herramientas para manejar las emociones.

Con información de SUN.

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