Jueves, 30 de Mayo 2024

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Censura

Por: Diego Petersen

Censura

Censura

Censura es una de las palabras más desgastadas del idioma español. A base de llamarle censura a lo que no es, hemos corrompido su significado, para beneplácito de los nuevos censores.

Censurar, dice la Real Academia, es un acto, una intervención práctica para eliminar un contenido o modificar la forma de una obra por razones morales, ideológicas o políticas. Los censores romanos no actuaban contra escritos u obras, sino sobre conductas sociales; era una acción normativa del comportamiento. La censura es siempre un acto de poder, alguien que tiene la capacidad de decidir sobre el contenido, la forma o la conducta de otros a partir de una ideología dominante. Es también un acto de intolerancia, sea a la crítica política, al pensamiento distinto o al comportamiento, principalmente lo que tiene que ver con la sexualidad, de otros que no piensan y actúan conforme a los lineamientos del poderoso.

Conforme los sistemas de poder y de medios de comunicación se fueron haciendo más complejos, los métodos de control y censura se fueron sofisticando. Desapareció el censor directo, el personaje con nombre y apellido cuya función era determinar, desde el poder, qué se publicaba y qué no; qué podía exhibirse en cines, teatros y espacios de arte. La democracia apeló a los sistemas deontológicos y la explicitación de las líneas editoriales de los medios que constituían una especie de contrato social entre las empresas de comunicación y sus audiencias para regular el contenido. Que un jefe de redacción no aceptara contenido sexual en un medio de comunicación que explícitamente declaraba no publicar desnudos en sus páginas no era un acto de censura sino de congruencia editorial. Que no se publique un artículo o un cartón político específico para no molestar al poder, sí es un acto de censura.

El problema es que ese sistema deontológico no suprimió las presiones económicas, de grupos político o de instituciones normativas de la sexualidad. La respuesta generalizada a la presión ha sido la autocensura; los medios, los periodistas, los escritores, los artistas limitan sus formas de expresión para no irritar al poder o para asegurar un lugar en el mercado.

¿Es censura fustigar a los periodistas desde el atril presidencial de la mañanera o en una rueda de prensa de un gobernador? No, pues no hay una intervención práctica del Presidente o el gobernador para que no se publique un contenido específico, lo cual no quiere decir que sus actos no generen una limitación a la libertad de expresión. ¿Es censura que un medio de comunicación no renueve el contrato de un periodista o una conductora? No, el desacuerdo es un derecho de ambas partes, sin embargo, cuando las razones no son explicitadas o contradicen el acuerdo profesional se entiende una voluntad de silenciar, como fue el caso de Carmen Aristegui en los sexenios de Peña Nieto y Calderón y ahora el de Azucena Uresti.

Que no exista un acto explícito de censura específico no significa que no hay una reducción y acotamiento de la libertad de expresión.

diego.petersen@informador.com.mx

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