Sábado, 28 de Mayo 2022

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El salinismo de AMLO

Por: Jonathan Lomelí

El salinismo de AMLO

El salinismo de AMLO

Sostengo que el Presidente Andrés Manuel López Obrador es un salinista.

Lo es en dos sentidos.     

Primero porque necesita al ex Presidente como figura narrativa para dotar de sentido a su relato transformador. El mito del líder populista se funda en la amenaza de un enemigo externo y un traidor interno. En este caso, la ideología neoliberal que AMLO demoniza requiere de un rostro diabólico: Carlos Salinas de Gortari, el adversario contra el que se lucha.

Constantino Kavafis escribió un poema, «Esperando a los bárbaros», en donde el pueblo romano aguarda, ansioso, a estos invasores. Cuando descubren que los bárbaros no llegarán porque no existen (son un invento de ellos mismos), se lamentan:

«¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros? Esta gente, al fin y al cabo, era una solución».

¿Qué sería de AMLO sin el discurso antineoliberal y sin el salinismo?

Tampoco debe sorprendernos.

Los líderes con rasgos populistas abundan. Enrique Alfaro, por ejemplo, emplea este mismo sistema narrativo que necesita siempre de un adversario: el PRI y la vieja política cuando era candidato; el centralismo presupuestal de AMLO y recientemente el caciquismo universitario de Raúl Padilla.

Los líderes populistas precisan de estas figuras para fortalecer su narrativa contra los bárbaros que ellos mismos inventan.

Plantean problemas en forma de batallas míticas que pelean en el terreno ideológico. Es más fácil contar una buena historia que cambiar la realidad (el líder populista es un gran contador de historias). De esa manera su liderazgo cobra sentido transformador y refundador.

Por supuesto que el neoliberalismo falló como doctrina económica. La razón histórica asiste a AMLO. Sin embargo, el diagnóstico de la enfermedad se convierte en un fin (político) y no en el medio para trabajar en una solución.

Y aquí planteo mi segunda hipótesis: AMLO es tan salinista en materia económica como cualquier ex Presidente. La ortodoxia en el manejo de las finanzas y la política fiscal del gobierno obradorista no son muy distintas de las que aplicaría un gobierno neoliberal como el de Peña o Calderón.

Un síntoma de la prevalencia del régimen político y económico en este sexenio lo atestiguamos la semana pasada. Tras la venta de Citibanamex, el Presidente manifestó que le gustaría mexicanizar este banco y enlistó tres posibles compradores: Carlos Slim, el hombre más rico de México; Ricardo Salinas Pliego, el tercero más acaudalado, y el empresario «pristórico» Hank González, quien debutó en la lista de billonarios en 2020, durante la pandemia, en la posición 19.

Estos tres magnates son producto de la política neoliberal y privatizadora que impulsó el salinismo y que López Obrador dice haber erradicado. Slim con la adquisición de Telmex y Salinas Pliego con la compra de Imevisión (después TV Azteca). Slim apareció por primera vez como multimillonario en Forbes en 1991.

La cercanía del Presidente con estos magnates, incluso al adoptarlos como consejeros y amigos, demuestra su incongruencia al menos en el discurso. En la práctica, esto lo sitúa tan complaciente y cercano al poder económico como a cualquiera de sus antecesores salinistas.  

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