Martes, 16 de Abril 2024

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Narrativas engañosas: Instrumentos del poder para justificar la violencia

Por: Luis Ernesto Salomón

Narrativas engañosas: Instrumentos del poder para justificar la violencia

Narrativas engañosas: Instrumentos del poder para justificar la violencia

Las historias, esas poderosas narrativas que nos invitan a razonar y emocionarnos, desempeñan un papel crucial en la formación de nuestra opinión. Cada relato que consumimos contribuye a la construcción de nuestros criterios, convirtiéndose en la piedra angular de nuestras decisiones. La capacidad de acceder a una diversidad de opciones y la libertad para elegir en qué historias creemos son fundamentales para la formación de una opinión robusta.

En el ámbito político y económico, la construcción de narrativas emocionantes y creíbles se convierte en una herramienta esencial para vender productos o ganar respaldo. Controlar la creación, difusión y alineación de historias se erige como el núcleo de la economía de mercado y de la práctica democrática. Sin embargo, en la actualidad, enfrentamos amenazas tanto económicas, con la manipulación en la comunicación a través de dispositivos y otras formas de interferencia de la inteligencia artificial, como políticas, con decisiones autocráticas revestidas de un manto democrático.

La concentración de poder que restringe las opciones narrativas en comunidades es particularmente alarmante. Este fenómeno limita la diversidad de perspectivas, fenómeno evidente en muchos países como Venezuela, Nicaragua y Rusia, donde las historias difundidas desde el poder público buscan justificar la violencia, la represión y la restricción a la libertad informativa. Mientras que en otros, como en Los Estados Unidos y en Europa, grandes fuerzas políticas tratan de llegar al poder imponiendo historias falsas en la agenda político electoral.

En Venezuela, nos enfrentamos a un proceso electoral en el cual se ha impedido la participación de la líder opositora María Corina Machado, ganadora de las elecciones primarias. Adicionalmente, se han emprendido acciones legales contra la abogada Rocío San Miguel, directora de una organización no gubernamental dedicada a la observación ciudadana. La creación de un supuesto complot contra el presidente Maduro generó un clima de crispación social, sirviendo de justificación para las acciones posteriores contra mujeres destacadas en la vida pública. La expulsión de representantes de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos no ha pasado desapercibida a nivel internacional.

En Nicaragua, la iglesia católica denuncia ser reprimida por el régimen de Ortega, especialmente después de la detención y expulsión a Roma del obispo opositor Rolando Álvarez, junto con 17 sacerdotes y seminaristas. Mientras tanto, en Rusia, la misteriosa muerte del líder opositor Aleksei Navalny en una cárcel del complejo Gulag, aislado en el círculo ártico, arroja sombras sobre otro proceso electoral que supuestamente decidirá la continuidad de Putin en el poder.

Mención especial merece la extrema derecha en naciones democráticas, que mediante teorías conspirativas y otros mitos ha construido opciones para aumentar su poder. Incluso figuras como Marine Le Pen han contribuido a esta tendencia, perpetuando narrativas engañosas para avanzar en sus agendas políticas.

Adicionalmente, el presidente de Hungría, Viktor Orbán, ha abrazado estas prácticas al limitar la libertad de prensa y utilizar narrativas manipuladas para consolidar su poder, mostrando cómo incluso en democracias establecidas se pueden gestar amenazas a la verdad.

En estos casos, el control totalitario de la narrativa por parte de las autoridades o de actores políticos que mienten deliberadamente no solo viola la libertad de información, sino que obstaculiza la formación de criterios basados en hechos reales. Muchas de las historias difundidas carecen de fundamento, siendo meras mentiras destinadas a consolidar un control de facto sobre el poder.

La democracia se ve amenazada en naciones sometidas al autoritarismo, la represión y el control político impuesto por la fuerza. Sin contrapesos, los gobiernos tienden a convertirse en autocracias peligrosas para la toma de decisiones libres y democráticas. La justificación democrática de regímenes represores, como ocurrió en la República de Weimar en Alemania, es un peligroso camino que debemos recordar y del cual debemos aprender. Levantar la voz siempre será crucial para preservar la democracia y evitar desenlaces conocidos y desastrosos.

luisernestosalomon@gmail.com

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