Martes, 16 de Agosto 2022

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Por qué ya no querer vivir

Por: Guillermo Dellamary

Por qué ya no querer vivir

Por qué ya no querer vivir

Pedro disfrutaba de unas copas en un bar de la ciudad, estaba muy contento, hasta que recibió un mensaje de uno de sus mejores amigos. "Hay que vernos de urgencia, me acaban de informar que nuestro amigo Luis se suicidó. Y nos vemos en mi casa".

De inmediato desapareció la alegría y le invadió un profundo desconcierto, entre enojo y tristeza, tomó un taxi, porque ya no quería manejar con algo de copas y con esa extraña sensación de dolor.

¿Qué habrá pasado, qué lo hizo hacer eso?  Se preguntaba, casi obsesivamente. Aún no tenía respuesta alguna. Si no parecía deprimido ni con ideas suicidas.

Se respondía una y otra vez; pero como queriendo encontrar una explicación entendible.

Le entró miedo y sobretodo culpa, porque el día anterior, Luis, le había mandado un extraño mensaje, que en su momento no le dio importancia ni lo supo interpretar. En el cual le decía, "quiero verte porque mi novia me puso los cuernos y mis papas están muy enojados conmigo, porque anoche choqué y andaba pedo".

En la madrugada se quitó la vida, ingiriendo una sobredosis de medicamentos psiquiátricos que tenía su mamá, a la mano.

Pedro se apretó fuertemente la cabeza, y casi jalándose del cabello, gritaba «por qué no le hice caso; qué estúpido fui».

Ya no se tranquilizaba con nada, no ayudó a su amigo en el momento más difícil para él. Se sentía egoísta e insensible. Pero ya no había nada que hacer, sus padres ya lo encontraron muerto en su habitación.

El relato puede continuar, pero lo que tenemos que considerar es lo que está pasando con muchos adolescentes y jóvenes, que necesitan de nuestra comprensión, de nuestro cariño y de nuestra presencia. En un instante, se les puede cerrar el mundo y perder de vista el sentido de la vida y las ganas de continuar.

Nunca olvidaré a un joven, en consulta, que acompañado por su padre, que se dedicó a acusarlo de todas las irresponsabilidades, desobediencias e incumplimientos de sus expectativas como padre. Y señalando que así como iba, tendría un futuro lleno de fracasos y mediocridades. El hijo lo interrumpió, abruptamente, para decirle: «estás pensando en mí futuro y que cumpla con tus expectativas, pero yo estoy viviendo en el presente y hoy ya no quiero vivir». El padre se turbo todo y sólo pudo abrazarlo y pedirle disculpas por no entenderlo.

En principio ayudemos a que no se les cierre el mundo y quieran vivir.

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