Lo peor que podría pasar ante la crisis del agua en Guadalajara es lo que, tristemente, comienza a ocurrir: la partidización del problema.El momento es fácil de identificar. Asoma cuando en vez de soluciones empieza a pesar más la repartición de culpas, reproches y generalizaciones del problema.Un ejemplo es la rueda de prensa que ofrecieron ayer en la Cámara Alta dos emecistas de Jalisco: la alcaldesa tapatía Verónica Delgadillo y el Senador Clemente Castañeda.El manejo partidizado se resume en los siguientes supuestos, todos interrelacionados, que se repetirán insistentemente los próximos días:1. La crisis del agua es culpa de la Federación porque no destina recursos necesarios a los estados.2. El problema deriva de un abandono histórico de la infraestructura hídrica, por lo que se trata de una herencia producto de la omisión de “otros” en el pasado.3. Jalisco ya garantizó el abasto de agua para Guadalajara, “misión cumplida” (Alfaro dixit), pero la calidad del agua, sugieren, tampoco es su responsabilidad: falta dinero y compromiso de la Federación.Me pregunto: ¿cómo la falta de “solidaridad” del gobierno federal puede convertirse en “una crisis de dimensiones mayúsculas” como la del agua en Guadalajara (Castañeda dixit)?La Federación es responsable de evitar la contaminación de las fuentes de abasto como la Cuenca Lerma-Chapala-Santiago. Su omisión, junto con la de estados y municipios, ha convertido el Río Santiago en el más contaminado de México.Ni la Federación, ni el estado, ni los municipios hacen su trabajo para evitar las descargas ilegales. Esa agua es la que después ya no pueden potabilizar las plantas e infraestructura vieja del Siapa.La retórica de culpar sólo a la Federación blinda a los actores políticos de la exigencia directa y clara al Siapa, un organismo estatal-municipal.El abandono del organismo los últimos 25 años es cierto. Sólo que de ese periodo, al grupo político en el poder, el emecismo, le corresponden ocho (la tercera parte).Finalmente es una simplificación afirmar que la desaparición del Fondo Metropolitano (Delgadillo Dixit) o la creación de más mecanismos de financiamiento en el presupuesto federal son todo el origen y la solución del problema.La responsabilidad directa del Siapa en la crisis de mala calidad del agua se diluye si se logra instalar la idea de que, sin dinero federal, la gestión y solución del problema desde lo municipal-estatal es, por definición, imposible.Y así cualquier esfuerzo local, aunque sea sólo un paliativo, es loable frente al “abandono” federal.Este desafío necesita de todos, salvo de la politiquería. Urge comenzar a potabilizar el agua en vez de solo partidizar.