El gobernador de Jalisco Pablo Lemus tiene cuatro problemas que se resumen en uno: desconoce la forma de operar, los resortes y los reflejos, de Morena. En el origen de esas cuatro dimensiones de su crisis está, por supuesto, el desdén que mostró al tema del agua puerca en la zona metropolitana, reto que le desvelará por mucho tiempo; pero hoy por hoy, tiene cuatro frentes pintados de guinda.Primero. Hizo que la presidenta cambiara de bando. La actual crisis por la calidad del agua surgió el primer fin de semana del mes. Días después Claudia Sheinbaum se manifestó al respecto y en pocas palabras dijo que ayudarían al gobernador Lemus, deslizando la idea de que el problema se debía a que el exgobernador Enrique Alfaro no había hecho una obra.Los alfaristas reaccionaron ese mismo jueves ocho de octubre diciendo que la mandataria estaba mal informada. En la narrativa elegida por Sheinbaum, ella y Lemus eran damnificados de Alfaro. Lo que hizo Lemus fue no solo crecer el problema con su pésimo manejo de la protesta dominical, sino echarse en contra a quien en un principio estuvo de su lado.Segundo. La marcha pudo salir peor, sin duda. Pero además de las violaciones de derechos, era lógico que lo sucedido afuera de Casa Jalisco sacaría el peor rostro de Morena: el oportunismo del que son capaces desde la presidenta de la República misma hasta el menos influyente de los morenistas, que vieron en violencia de policías y en los manguerazos una galería de imágenes a explotar electoralmente.La prioridad de Morena no es gobernar, sino acumular y retener el poder. Son un movimiento, no un partido. Se ven a sí mismos en el inicio, para nada en la culminación, de un proceso de cambio radical. La impericia en el manejo de los violentos y de los no violentos por parte de la policía de Jalisco es condenable en todo contexto; pero en la era morenista es además su menú para un character assassination de Lemus, para provocarle un descalabro en Jalisco en el 2027, y también al partido que representa, pues cada voto que pierda Movimiento Ciudadano podría irse antes con los guindas que al PRIAN. Así que él convirtió a MC en un sitting duck.Tercero. Quizá lo más difícil de entender a la distancia no es por qué ocurrió el desastroso manejo de la marcha, sino por qué el gobierno de Jalisco no reacciona con rapidez y atingencia. Y esa duda tiene dos filos: el costo que tal impericia le acarrea a Lemus, desgastándolo frente a sus gobernados, y la oportunidad que (nuevamente) da a Morena, que ya acusa al gobierno local de tortura.Si Lemus no encabeza las investigaciones, si no cesa -así sea de forma provisional para deslindan responsabilidades- a quienes dieron las órdenes de lo sucedido (esa cadena que va de los chorros de agua, los golpes, las detenciones arbitrarias, la retención de personas en Casa Jalisco, y la necedad de querer procesar los detenidos como delincuentes)- Morena le tomará el estado vía investigaciones (es un decir) de la CNDH y de la Segob.Y el cuarto frente es la opinión pública. Solito, Lemus se puso en el foco nacional. Si en el programa comentócrata por excelencia -Tercer grado- Raymundo Riva Palacio le llama cobarde, imaginen los youtuberos del bienestar.Al gobernador le queda muy poco margen para revertir la imagen de torpeza, indolencia y, encima, de timorato frente a Sheinbaum. Y cuando acabe con estos cuatro frentes, deberá lidiar con la nada sencilla responsabilidad de limpiar el agua puerca.