Miércoles, 21 de Octubre 2026

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Del verano del 68 al otoño del 26

Por: Diego Petersen

Del verano del 68 al otoño del 26

Del verano del 68 al otoño del 26

¿Nunca habíamos estado tan bien o nunca habíamos estado tan mal? Las cifras de la población que ha salido de la pobreza extrema en las últimas décadas no tienen comparación con ninguna otra época de la historia. Pasamos de 38% de la población mundial en esa condición en 1990 a 10% en 2025. El acceso a la educación, la salud y el agua potable a nivel global es el más alto registrado. La ingesta de proteínas y el acceso a bienes de consumo nunca habían alcanzado los niveles que tenemos hoy.

Al mismo tiempo, la calidad de vida y los servicios en los países más industrializados van en picada. Las brechas entre quienes más tienen y la mayoría de la población son cada día más profundas en todo el mundo, tanto en los países del llamado primer mundo, como Francia, Alemania y Estados Unidos, como en los ex socialistas, entre ellos Rusia, Rumania, Polonia y Albania, e incluso en los que aún se autodenominan comunistas, como Vietnam, Camboya y China, donde los multimillonarios ya son un dolor de cabeza para el Gobierno.

Un ánimo de protesta recorre el mundo. Los jóvenes están movilizados en Francia, Italia, Albania, España y la India. Las causas iniciales son distintas, pero en todos los países hay algo en común: la falta de esperanza en el futuro y la certeza de que los gobiernos están dejando desamparadas a las nuevas generaciones.

¿Estamos ante un nuevo 68? Hay elementos de comparación que hacen pensar que así es. El movimiento del 68 en diferentes países evidenció las contradicciones de la etapa de mayor crecimiento económico mundial tras la Segunda Guerra Mundial. Fueron décadas de expansión; la economía mundial creció a ritmos nunca vistos y, sin embargo, los jóvenes se sentían atrapados en un sistema político y educativo que les impedía ser libres. Los movimientos actuales ya no tienen tanto que ver con la libertad como con la falta de esperanza y con el derecho de los jóvenes a ser ellos mismos.

Ambas etapas comparten otro elemento: el imaginario de un futuro distópico. En 1968, el desarrollo de la energía nuclear y la conquista del espacio generaron las más horribles pesadillas. La idea de que el mundo podía ser aniquilado por una decisión política (el famoso botón rojo que desencadenaría la guerra nuclear) o invadido por extraterrestres formaba parte del imaginario colectivo.

Hoy, el desarrollo de la inteligencia artificial genera más dudas que certezas sobre la posibilidad de un mundo mejor. La desesperanza une a los jóvenes de la generación pospandemia, que no solo ven cómo se deteriora el sistema educativo, sino también cómo la educación es incapaz de proporcionarles las herramientas necesarias para afrontar el futuro y cómo los Estados nacionales carecen de capacidad para controlar a las grandes empresas de procesamiento masivo de información.

En medio de todo ello, la democracia, el sistema político que se consolidó durante el siglo XX como la menos mala de las opciones de organización para una sociedad más justa e igualitaria, está hoy debilitada. Los movimientos estudiantiles de 1968 fueron también el verano de la democracia y los derechos. La pregunta es si los de 2026 harán lo mismo o si, por el contrario, abrirán las puertas al regreso de los sistemas totalitarios y marcarán el otoño de la democracia.

diego.petersen@informador.com.mx
 

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