Lunes, 10 de Agosto 2026

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De pendulazos y nuevas derechas

Por: Diego Petersen

De pendulazos y nuevas derechas

De pendulazos y nuevas derechas

A mi padre, y su manera de vivir un siglo

De la mano de Trump, las derechas avanzan en América Latina como una mancha que lo cubre todo. En Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile, Honduras, Costa Rica, Perú y Colombia los gobiernos de izquierda que a principios de esta década dominaban el panorama político han sido desplazados por opciones de derecha de poca vocación democrática y tintes fascistas. En algunos casos, como Argentina, Bolivia y Chile, arrasaron con la izquierda. En otros, particularmente en Perú y Colombia, en elecciones que dejaron una profunda división en el país y que se antojan ingobernables. 

Los elementos en común del fracaso de las izquierdas latinoamericanas, y por tanto las bases del discurso de las nuevas derechas, son la economía y la seguridad. Estos dos elementos, con mayor o menor énfasis en uno u otro según la situación de cada país, han sido el “leit motiv” de las campañas. En Argentina y Chile el tema fue económico; en Colombia y Honduras pesó más el de seguridad, pero en todas se dio una la mezcla de ambas.

Estas dos banderas han sido enarboladas por los partidos de derecha en diferentes momentos en todo el mundo, sin embargo, el regreso de Trump al poder en Estados Unidos fortaleció este tipo de opciones extremistas en todo el continente. Da igual que sean viejos conocidos de la política, como el caso de Rodrigo Paz en Bolivia o Keiko Fujimori en Perú, de nuevos actores surgidos prácticamente de la nada como el caso de Milei en Argentina y de la Espriella en Colombia, o al margen de los partidos tradicionales, como fue el caso de Katz en Chile, el común denominador son las posturas radicales frente a los problemas sociales.

¿Puede darse un bandazo de este tipo en nuestro país? Que no ocurra depende fundamentalmente de que la Presidenta Sheinbaum avance en la agenda de seguridad, de que evite una crisis económica y de que el país vuelva a crecer. Las tres cosas implican tomar distancia del movimiento y desoír a los asesores más radicales, lo cual no parece estar dispuesta ni interesada en hacer, pues las reformas políticas apuntan más al control electoral y del discurso hegemónico que a abrir válvulas de escape para bajar la presión política interna y externa.

En México un bandazo como estos difícilmente vendrá de la derecha tradicional, el Partido Acción Nacional, que, a pesar de haber lanzado su refundación con un corrimiento a posturas más conservadoras, sigue sin conectar con la base electoral. De la refundación famosa nadie se enteró y a nadie le importó. Como en Chile o Colombia, los partidos tradicionales de derecha, cuya función era equilibrar posturas radicales, se perdieron en medio de escándalos de corrupción. 

El riesgo de un pendulazo en México es real, y si se da en medio de una polarización de posturas, y con el odio como motor del voto, como sucedió en Colombia y Perú, la ingobernabilidad es un escenario bastante probable.

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