A estas alturas del partido ya no está claro si el Gobierno federal es solo insensible o es realmente perverso en el tema de los desaparecidos. Tras un año de promesas de entregar un informe sobre la desaparición en México, el Gobierno de Claudia Sheinbaum escogió el viernes previo a las vacaciones de Semana Santa, el viernes de Dolores, un símbolo que las madres buscadoras utilizan como recuerdo de su dolor, para presentar un informe que, al igual que el que hizo López Obrador, busca minimizar el problema y quitar responsabilidad a las instituciones del Estado que han sido, en el mejor de los casos omisas, cuando no cómplices.El Informe reconoce que existe registro de poco más de 130 mil personas desaparecidas y no localizadas, pero, al igual que lo hizo en su momento el Gobierno anterior, lo segmenta entre aquellos cuyos datos están incompletos, y por lo tanto, pone en duda que efectivamente estén desaparecidos (36 mil); aquellos de los que se tiene algún registro de que estén con vida (40 mil); y los que ellos consideran efectivamente desaparecidos (43 mil).Suponiendo que efectivamente fueran 43 mil y no 130 mil los desaparecidos en este país, es de cualquier manera una tragedia. Una tragedia que ellos mañosamente ubican que inició en 2006 (con Calderón, por supuesto) y no que es un fenómeno que se incrementa de manera exponencial a partir de 2016 y que obedece a un cambio en las estrategias de reclutamiento y limpieza de enemigo (las famosas barredoras, cuyo nombre quizá le digan algo a Adán Augusto López).El que una persona tenga registro insuficiente no significa que no esté desaparecida. Puede ser ciertamente un registro falso o solo mal completado, toca al Estado investigar el hecho.Lo que no puede es darlos de baja como si se tratara de un asunto burocrático. La pregunta que tiene que hacerse el Estado con estos 36 mil registros es si hay alguien buscándolos.Hay desaparecidos que están vivos, esto lo sabemos desde hace al menos siete años. Que existan registros de vida (vacunas, uso de identidad para trámites, compras con tarjetas de débito) no quiere decir que no estén desaparecidos. Aun suponiendo que se hayan ido por su voluntad muchos de ellos están secuestrados o en trabajos forzados. En otros casos es probable que alguien esté usando su identidad para delinquir. Otra vez, mientras haya familiares que los estén buscando hay que considerarlos como desaparecidos.Reconocer 43 mil personas efectivamente desaparecidas y considerarlo un triunfo y no una tragedia habla de un gobierno carente de empatía con el dolor. Mientras no se entienda que la desaparición es una más, quizá hoy la más grave, de las expresiones de la violencia letal en este país no lo vamos a resolver y se seguirá perpetuando el dolor de decenas de miles de familias, y eso ya no solo es insensible, sino perverso.