Mientras la Presidenta Claudia Sheinbaum y la dirigencia de Morena tratan inútilmente de decir que no son responsables del nombramiento de Guadalupe Taddei al frente del Instituto Nacional Electoral (INE), la oleada de renuncias, 19 hasta el día de ayer, y las denuncias de compras amañadas en los organismos locales dejan claro que lo que construyó la ex presidenta fue una mafia y un esquema de corrupción que, como siempre sucede, operaba como una red y un mecanismo por encima y por debajo de ella.Al igual que en el huachicol fiscal, el otro gran escándalo de corrupción que le ha estallado en la cara a la Presidenta, entre los operadores y los beneficiarios finales hay una cadena de complicidades que involucra diferentes niveles, desde jefes de aduanas hasta empresarios cercanos al poder.Al final de la fila hay una responsabilidad política que nunca se asume. Una de las bonitas tradiciones de este país, mucho más arraigada que los altares de muertos y la evasión fiscal, es la de no asumir la responsabilidad política.Aunque la beneficiaria final del nombramiento de Guadalupe Taddei al frente del INE fue la Presidenta, con la decisión de la sobrerrepresentación de Morena y sus aliados en la Cámara de Diputados, los responsables directos de su nombramiento fueron su padrino político, Alfonso Durazo; el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, y sus operadores en las cámaras, particularmente Sergio Gutiérrez Luna, Adán Augusto López y Ricardo Monreal. Ellos son responsables no solo del nombramiento, sino también de las modificaciones constitucionales que anularon la colegialidad y abrieron de par en par la puerta a la corrupción.Así como no es creíble que el almirante Ojeda no se hubiese enterado de la corrupción que operaban sus sobrinos políticos, tampoco es creíble que la Secretaría de Gobernación, la Auditoría Superior de la Federación y el Órgano Interno de Control del INE no hayan detectado un esquema de corrupción tan amplio y evidente. Ahora resulta que todos sabían, pero nadie hizo nada, tal como ha sucedido en este país a lo largo de los años, gobierne quien gobierne.La Presidenta Claudia Sheinbaum ya no puede decir que en su Gobierno no hay corruptos. Los hay porque los corruptos van al poder como las abejas a la miel. Lo único que puede diferenciar a este Gobierno de otros igual de corruptos es la eficiencia en la persecución de este delito. Cuanto más tarde Claudia Sheinbaum en procesar a Guadalupe Taddei y a sus padrinos políticos, y mientras no se anime a tocar a los verdaderos responsables y beneficiarios del huachicol fiscal, más crecerá la imagen de una Presidenta con buena aceptación, pero que no manda.Hay que insistir en que en el mundo del poder no hay buenos y malos, sino políticos y poderes acotados, y políticos sin límites que, más temprano que tarde, tenderán a la corrupción. Lo que realmente inhibe la corrupción es la colegialidad, el equilibrio de poderes y la vigilancia externa. Todo lo demás es moralina.