Al gobernador Pablo Lemus no se le ocurrió mejor ejemplo para promover la Tarjeta Naranja que decir que con ella igual se puede pagar un boleto de camión en Guadalajara que un café en Nueva York. Le llovieron críticas y no sin razón.Si bien se puede entender que lo que buscaba el gobernador con ese ejemplo era decir que se trata de una tarjeta de débito Visa como cualquier otra y se puede usar en todos lados, el ejemplo resultó sumamente elitista y esnobista, más aún cuando lo que está en juego es la tarifa del transporte público. La mayoría de los jaliscienses no tiene posibilidades de viajar a Nueva York y les da exactamente igual si la tarjeta funciona fuera del país cuando lo que están calculando es el impacto que tendrá en sus vidas el aumento al transporte.Pudo haber dicho que la tarjeta funcionaba en cualquier supermercado y se hubiera evitado las burlas, el enojo y tener que pagar tres boletos para tratar de hacer un control de daños. La metida de pata no es casual, es el resultado de una serie de malas decisiones previas y un estilo personal llevado al extremo.Tratar de minimizar el dicho del gobernador es una clara señal de que no están entendiendo el problema. Cada vez más se presenta ante la opinión pública a un gobernador frívolo, sin contenido y que parece estar alejado de la responsabilidad que significa ser gobernador. Es, insisto, lo que nos presentan. No tengo dudas de la capacidad de Pablo Lemus para gobernar Jalisco, lo hizo muy bien en Zapopan, razonablemente bien en Guadalajara y, sin embargo, como gobernador ha ganado el personaje frívolo construido en redes y no el político eficiente que estábamos acostumbrados a ver.La Tarjeta Naranja se ha convertido innecesariamente en un problema para el Gobierno de Lemus porque han confundido el medio con el fin y han convertido al gobernador en el promotor de un negocio. Sin duda la tarjeta tiene virtudes; bancarizar a la población que no tiene acceso a servicios financieros es una buena idea, igual que lo fue entregar los programas sociales del Gobierno federal de esta manera. El problema no es la tarjeta, sino que se condicione el subsidio al transporte a sacar dicha tarjeta; que se use como propaganda electoral (es tan burdo que lo que evidencia es que ya les da flojera pensar) y, lo más delicado, la falta de transparencia tanto en el concurso de asignación como en el uso de nuestros datos personales a los que tendrá derecho el operador financiero.No se puede gobernar con y para las encuestas y las redes. Algo no anda bien cuando se confunde cercanía con frivolidad y ésta se vuelve la marca de casa, o cuando se confunde la promoción de una tarjeta de débito con una política pública. No, el problema no es quién puede tomar un café en Nueva York, sino quién no puede hacerlo en la Tuzanía, o en cualquier otro rincón de Jalisco porque el sueldo y el tiempo no alcanzan. Es ahí donde debería estar el esfuerzo y la mirada del Gobierno.