Para algunos se trata de una amenaza cumplida. Para otros es el regreso del mesías de Macuspana, tal como lo había anunciado en sus homilías: regresaré a la actividad política solo en caso de una “situación extrema y gravísima” como una guerra o una invasión. Pero no se aguantó. No estamos en guerra ni hay invasión, solo una solicitud de extradición de algunos de sus amigos. La carta emitida el miércoles por la noche, llena de adjetivos, autoadulaciones y enojos, es una intromisión en la vida pública que tendrá efectos colaterales no solo en la relación con Estados Unidos, sino en la política nacional. Un par de días antes lo había hecho en una fotografía con su hijo “No me digan Andy” que, fiel a su estilo mesiánico, no significaba otra cosa más que “este es mi hijo muy amado en el que tengo puestas todas mis complacencias”.La carta tiene dos mensajes: el primero es que a él Trump no solo lo respetaba, sino que lo tomaba en cuenta, no como a otras. La segunda es que, si el gobierno de Claudia Sheinbaum no defiende a los compañeros de lo que, en su interpretación, es un ataque a Morena por ser un gobierno de izquierda, él saldrá de su guarida para dirigir la defensa.Alabar al presidente estadounidense, culpar de todo al equipo que lo rodea y encima pedir que regrese el Trump de antes, pareciera una ingenuidad. Trump, por supuesto, no mutó, sigue siendo exactamente el mismo, con la misma personalidad egocéntrica y prepotente; lo único que cambió en estos años es el contexto internacional, pues las cosas no le han salido como pensaba. Lo que sí cambió es que el coro de los niños cantores del narco, que la misma presidenta Sheinbaum envió a Estados Unidos sin mediar juicio de extradición, ya agarró el tono y soltó acusaciones contra gobernadores y políticos.La foto y la carta en una misma semana reflejan una desesperada necesidad por aparecer y participar en la vida pública. La ansiedad mostrada en el comunicado, poco reflexionado, lleno de adjetivos y de lugares comunes, no ayuda; por el contrario, solo servirá para complicar aún más la relación con los vecinos. ¿Hay algo que esté viendo López Obrador que el común de los mortales no sepamos?, ¿cuál es el miedo? Vale la pena recordar las palabras de Porfirio Muñoz Ledo, de quien supongo no podrán decir que es parte de la ultraderecha: el pacto que tenía López Obrador con los criminales no es heredable.Ha vuelto. Y así como siempre se ha dicho que el problema no es sacar al ejército a las calles sino regresarlo a los cuarteles, en este caso el verdadero problema será regresar a López Obrador al silencio necesario para que no interfiera en el ejercicio de poder de la presidenta. Después de esta carta no hay manera de que los poderes fácticos de Morena no volteen a ver las señales que vengan desde Tabasco, antes incluso que las que salgan de Palacio. Por más que la presidenta repita que AMLO y ella son uno mismo, estos desplantes de López Obrador, y el hecho de que ella le siga llamando “presidente” en las Mañaneras, solo la debilitan. Por más que la presidenta diga que se trata de expresiones machistas y misóginas, la duda sobre si el bastón de mando era real o solo un palo de piñata adornado es, con todo respeto, legítima.*El título de esta columna se la debo al divertidísimo libro de Timur Vermes, editado en México por Seix Barral, de Grupo Planeta.