Una persona que tuve mucho gusto en conocer fue a José Luis Martínez, un hombre muy culto y muy agradable que, entre sus particularidades estaba que cuando venía a esta ciudad iba a comer birria a las Nueve Esquinas y tuve la suerte de acompañarlo, porque ahí la birria es muy buena.Ahí me contó una historia que me cayó en gracia, ya que me platicó que cuando eran estudiantes él y Alí Chumacero me lo confirmó, eran amigos de mi papá y que un día llegó mi papá con una de las primeras ediciones que hasta entonces conocían del “Romancero gitano”, y que se la pidieron prestada y José Luis y Alí la copiaron a máquina una noche, porque nada más se las prestó por ese lapso. Recuerden ustedes que entonces no había copiadoras.En otra ocasión, me platicó que la misma maestra que había sido la suya en primaria, también lo fue de Rulfo, de Juan José Arreola y de Antonio Alatorre; no me dijo su nombre, pero me pareció una cuestión curiosa y que dicha ante un plato de birria, debe de ser verdad porque ante un plato de birria, no se puede mentir. Además, consideré que pudo haber sido cierto por la cercanía de los pueblos del caso.A otra persona a la que tengo que agradecer su gentileza conmigo es a Jaime Gutiérrez Hermosillo, hijo del notable poeta Alfonso Gutiérrez Hermosillo, quien tenía una casa cerca del aeropuerto y organizaba reuniones literarias muy interesantes por la gente que convocaba. De los que recuerdo que asistieron cuando fui yo, estaba un cuentista que firmaba como Salarué y uno de los hermanos Cardenal, que estuvimos en una interesante sesión.También tuve el gusto, a ese sí de conocerlo mucho más, es a Juan José Arreola, que era explosivo en su charla y del que recuerdo muchísimas cuestiones que me platicó, como que cuando se fue a Francia siempre sufrió mucho de mala digestión y que cuando tenía esa situación allá, lo iban a llevar a psicoanalizarse con Jung, que en aquel tiempo vivía en París, pero él no aceptó y prefirió venirse a Guadalajara, que hay que decir que tiene un atractivo particular para muchos tapatíos de nacimiento o de elección.Muchas de esas pláticas están en mi novela “La carta”, que no tuvieron lugar tal como las narro en el libro, pero sí respecto de los temas tratados. Y en una reunión que organizó mi amigo don Pedro Franco, fuimos a su casa en la Colonia Providencia en la que Arreola desde luego no probó bocado, salvo que considere usted bocado su botella de “Siglo”. Nos contó todo el vivir del panteón literario mexicano, lo que por desgracia no recuerdo. Pero sí me acuerdo que nos dijo cómo le había tocado en la vida la expulsión de las prostitutas, que nadie quiere eliminar, pero sí alejarlas una cuadra. Historia que les contaré la próxima semana.@enrigue_zuloaga