De los disolventes sociales más poderosos, la impunidad se encuentra entre los más nocivos. Sus efectos son devastadores y, junto a la violencia, la corrupción, la indiferencia ciudadana, el incumplimiento de la ley, el debilitamiento institucional, la pérdida de valores, la desigualdad extrema, la polarización ideológica y un sistema electoral organizado para legitimar el fraude, acaban por destruir el tejido social y el sentido de comunidad. Eso es, ni más ni menos, lo que estamos viviendo en nuestro país.Sancionar a los infractores de la ley tiene un doble propósito: castigar a quienes alteran el orden establecido y disuadir a los posibles delincuentes para que no quebranten la norma en el futuro. Es decir, tiene un sentido de ejemplaridad. El que la hace la paga y el castigo corresponde a la gravedad de la infracción. No es casualidad que China, Singapur, Japón, Arabia Saudita y un buen número de países islámicos no tengan mayores problemas en temas como la corrupción de funcionarios y el narcotráfico. La razón es muy sencilla en algunos países, a quienes cometen ese tipo de delitos se les cortan las manos y, frecuentemente, se les aplica la pena de muerte.La percepción generalizada en el escenario internacional muestra a México como una nación con severas deficiencias en términos de administración de justicia: solo el 1.5% de los delitos denunciados concluyen en sentencia, es decir, el 98.5% de los delitos -además de los no denunciados- quedan impunes. Nuestro Gobierno es percibido como subordinado a poderes fácticos que privilegian el soborno y el tráfico de influencias por encima de la ley.Recientemente se colocó en Sinaloa la primera piedra de una empresa que hará una inversión millonaria con capital norteamericano. Durante el evento celebrado en Los Mochis, el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, hizo un severo extrañamiento a las autoridades sobre el riesgo que corren los empresarios al invertir en un país con un sistema de administración de justicia lábil, con un altísimo nivel de corrupción, además de penetrado por el crimen organizado. Las declaraciones del embajador contienen una advertencia sobre la posibilidad de que los Estados Unidos investiguen e, incluso, procesen a funcionarios mexicanos sospechosos de vínculos con éste. Así o más claro. Para proteger los intereses del imperio, el límite es el garrote y nuestra Presidenta sigue jugando a la política de hace 50 años, eligiendo la vía “socialista” de alianzas con un grupo de jefes de Estado que, salvo Cuba, se encuentran a miles de kilómetros de distancia de la nación más poderosa del mundo.Frecuentemente, he señalado en esta columna que la única alternativa que tenemos para las nuevas generaciones es la educación y el ejemplo. Los bebés no nacen buenos o malos, las personas son consecuencia de su entorno; una familia sana produce ciudadanos sanos. Un país en el que se privilegia la justicia, sin duda será poblado por ciudadanos responsables, probos, atentos al cumplimiento de la ley y seguros de encontrar el respeto de sus semejantes en la sociedad de la que forma parte.