Hace una semana, murió la gran Rossana Reguillo. Una de las mejores antropólogas, comunicadoras y científicas sociales de este país y del continente latinoamericano. Una mujer aguda y sin cortapisas. Esta semana, muchos amigos/as periodistas, han dedicado sus columnas a recordar y dejar asentado su enorme legado académico y de lucha social. El buen periodismo, le debe mucho a Rossana y tras su deceso, hubo hermosos textos que así lo constataron. Rossana formó cientos y quizá miles de estudiantes, a mi vida llegó como tutora de mi tesis doctoral en el año 2000, pero este texto no es para hablar en primera persona ni de mi experiencia a su lado. Si me lo permiten mis colegas, intentaré hablar desde donde fuimos formados y como lo que creo que somos, “la Legión Reguillo”. No sé si exista algún colega que se haga llamar discípulo/a de la Dra. Reguillo, sería una aspiración por muchos no lograda, aunque tengo a algunos en la mira, lo que sí podemos decir, es que quienes fuimos formados por ella somos parte de su Legión. Tener su asesoría, era visitar el estudio de su antigua casa en la zona Sur de la ciudad en donde siempre tenía dispuesta una silla entre miles de libros, símbolos de resistencia y fotografías de sus memorias. Ahí, Rossana recibía estudiantes en proceso de casamiento, divorciados y embarazadas; al tiempo, nos iba recibiendo con las sillas de muchos bebés. Cuando esos infantes lloraban, ella les arropaba con sus brazos o a veces también, aparecía Pepe, su esposo, para conocerlos y abrazarlos. Su hermosa perra labrador era parte del paisaje y de la compañía de aprendizaje. Cuando parte de su estudio se mudó al ITESO, la silla se convirtió en equipal y los abrazos nos los daban sus asistentes, hoy también grandes doctoras y académicas. Rossana nos vivió y acompañó también desde nuestras vivencias personales que nunca le fueron ajenas. Siempre fue rígida y profundamente exigente, pero siempre fue comprensiva y amorosa. Rossana, la luciérnaga, siempre iluminó nuestras sombras intelectuales y personales para llevarnos a interrogar y caligrafear la realidad, cuestionarnos, era parte de su potencia. Su Legión, fue formada comprendiendo el poder desde miradas antropológicas, sociales y culturales muy complejas. Rossana nos enseñó a cuestionar al poder con datos y a reírnos del poder porque solo la risa es algo que el poder no controla. No fuimos únicamente capacitados para pensar, reflexionar y mirar diferente la realidad social; también aprendimos a tomar el espacio público, a organizar manifestaciones y volcarnos en las luchas sociales. Aprendimos a tomar la Minerva, el Parque Rojo y el kiosko de la Plaza de Armas para exigir justicia, nos enseñó a significar un nosotros que mantuviera el profundo valor de la coherencia y la congruencia no solo con nuestra formación académica, sino con lo que nuestras investigaciones aportarían a la sociedad. ¿Cuándo comenzaré a leerte a ti?, era siempre la pregunta que significaba un enorme reto y muchas lágrimas. Rossana desarrolló en su Legión, una mirada invaluable sobre las víctimas, nos enseñó a sentir, significar y acompañar el dolor de las injusticias. Tenía en su poder “la espada del augurio”, esa que siempre le permitía ver más allá de lo evidente y cuando la usaba, era imponente su proceso de creación. Quienes compartimos aprendizajes a su lado, siempre nos sentimos abrumados por la belleza de su pensamiento y la forma creativa de resolver problemas. Rossana sí fue discípula de Carlos Monsiváis y desde esas lecturas obligadas para toda la Legión, aprendimos que no hay acción política colectiva sin acción cultural. Su mente, su pensamiento y su lucidez académica sí eran intimidantes. Ya concluido su acompañamiento tutorial, muchas personas de esta Legión, seguro pensábamos al terminar nuestros textos, ¿qué pensará Rossana si lee esto?, y siempre anhelábamos que pudiera llegar a sentirse orgullosa de nuestros artículos o de nuestro trayecto profesional, porque ella nos enseñó a nunca ser neutrales y siempre estar del lado de la verdad. Estoy segura que quienes somos parte de su Legión, jamás dejaremos que su legado se olvide. La nombraremos en tiempo presente. Recuperaremos sus ideas y su invaluable capacidad de nombrar lo innombrable, trabajaremos para hacer realidad su enorme sentido de la esperanza. Abrazaremos siempre a Pepe, su esposo, a sus hijos León y Daniela y nos encantará ver formar su rumbo a su adorada nieta. Rossana, vivió su último trayecto de vida rodeada de montañas, es natural, era lo único que podía estar a su altura. Que las montañas te acompañen y que tus perros te acaricien, que la espada del augurio siempre te ilumine y que desde donde te estés ahora, encuentres descanso. Para luchar por tu permanencia, aquí está tu Legión, aunque nos sintamos desolados, encontraremos la mejor forma de hacerlo. Querida Master Jedi, esperamos no decepcionarte nunca, te vamos a extrañar muchísimo. Abrazos a toda la Legión.ierika.loyo@udg.mx