Cuando un legislador no sabe explicar bien qué tipo de iniciativa de ley propone y cuál es su sentido, entonces ya tenemos problemas; sobre todo cuando esas iniciativas refieren aspectos de prohibición o sanción que incluso rayan en la censura. Pasó hace poco con el debate de los derechos de las audiencias y ahora pasa con la llamada Ley Antimemes.Esta iniciativa de ley se fundamenta en la modificación de algunos artículos de la Ley Federal del Derecho de Autor, que obliga a los proveedores de servicios de internet a contar con una política para terminar el servicio a “usuarios infractores reincidentes”. Su relación con los llamados memes es que estos pueden incorporar fotografías, ilustraciones, videos o logotipos que están protegidos con derechos de autor. Ejemplo: el logotipo de un partido político. El proyecto de ley ha resultado controversial porque plantea hasta cinco años de cárcel cuando la identidad gráfica del Gobierno de México sea utilizada a escala comercial con la finalidad de engañar a las personas, generando una apariencia falsa de acciones oficiales, gubernamentales e institucionales. Por ejemplo, las páginas o videos falsos que usan la imagen de la Presidenta o de alguna secretaria de Estado promoviendo inversiones que son falsas.El debate llegó porque, como nadie sabe explicar dicha iniciativa de ley, su controversia central radica en posibles prácticas de censura digital ante la sátira y el humor político que se genera en redes sociales, cuando la sátira y el humor político tienen muchísimos años en nuestro país aportando al debate periodístico, político y social de una manera relevante.Hace muchos años, en mi tesis doctoral, construí un capítulo completo en torno a la sátira y el humor político como herramientas para la transformación del espacio público en México. A través de una secuencia histórica, daba cuenta de la trascendencia del llamado “Hijo del Ahuizote” (1885) como uno de los primeros medios impresos de sátira política en el país, pasando por el medio denominado “El Sarape de Madero”, en alusión a la esposa de Francisco I. Madero, doña Sara P. de Madero, y desde donde se hacía sátira de las prácticas burguesas de la clase política en aquel momento del país.Históricamente, al Gobierno mexicano, sin importar el partido y color, le molesta el enorme poder de la sátira y el humor político y, en múltiples ocasiones, se ha ejercido censura contra quienes la desarrollan. Recordemos el caso de Jesús Martínez “Palillo”, quien llegó a ser encarcelado nueve veces y cuya carpa fue clausurada en más de diez ocasiones por el entonces regente del Distrito Federal, Ernesto Uruchurtu, mejor conocido como “el Regente de Hierro”. Existían un par de obras de “Palillo” que particularmente enojaban mucho al poder político: una titulada “El maleficio del PRI” y la segunda, “Agarren a López por pillo”, en alusión al entonces presidente López Portillo (cualquier parecido con los López políticos de la actualidad es mera coincidencia).Durante muchos años, la sátira y el humor político se visibilizaron por medio de los cartones o las carpas. No fue hasta la década de los 90 cuando, en televisión, la sátira se trasladó al video con actores tan relevantes como Héctor Suárez y su programa “¿Qué nos pasa?”, o el programa “El privilegio de mandar”. La sátira pasó de los periódicos y las calles a la imagen televisiva. Hoy, lo que se discute está en las redes sociales y los contenidos digitales, que tienen múltiples y diversos creadores de contenido. Especialmente los memes, esa genialidad que se comparte de persona a persona y que tiene un alto componente de crítica social.El poder político siempre le ha tenido pánico a las parodias, los memes, las sátiras y la crítica social, porque no hay nada más poderoso contra el poder que el humor y la ironía. Después de atestiguar el descontento social ante la falta de pericia para explicar una iniciativa de ley, el senador Javier Corral tuvo que definir claramente que el tema es contrarrestar el uso de publicidad oficial en posibles fraudes. El problema es que, como tienen siempre una tentación de legitimar la censura, cualquier cosa que no sea bien explicada enciende las alarmas. Hoy le tocó a la sátira y el humor político, para quienes deseamos siempre larga vida en nuestra sociedad. Ojalá que, en el futuro, los políticos sepan explicar mejor sus ideas y propuestas, y que mejor les tengan miedo a sus errores y corrupción antes que a quienes se burlan del poder con el humor. La risa es el gran poder ciudadano.