El pasado 19 de agosto, la misión permanente de México ante la Organización de Estados Americanos, encabezada por Alejandro Encinas, se abstuvo de votar la convocatoria a una reunión urgente de cancilleres para analizar “acciones apropiadas” frente al anuncio del régimen de Daniel Ortega de anular las elecciones en Nicaragua. La resolución pasó de todos modos, con 29 votos a favor y el único voto en contra de Brasil. México quedó, una vez más, en el pequeño grupo de países que prefirió no pronunciarse.La justificación oficial merece revisarse con cuidado, porque no es inocente. Encinas argumentó que la situación interna de Nicaragua no constituye una amenaza a la paz o a la seguridad hemisférica y que caracterizarla como tal podría “generar dinámicas de confrontación y profundizar el aislamiento”. Es un argumento procedimental que evade el fondo: no se estaba votando si Nicaragua representa un riesgo militar regional, sino si un Gobierno que se dispone a impedir la participación de “traidores a la patria” y “golpistas” —es decir, de cualquier opositor real— sigue mereciendo el beneficio de la duda democrática. La respuesta mexicana fue, en los hechos, que sí lo merece.Esto no es coherente con el discurso que la propia presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido. El 27 de julio, cuestionada sobre la cancelación indefinida de comicios en Nicaragua, apeló a la autodeterminación de los pueblos y repitió, casi como mantra, “democracia, democracia, democracia, poder del pueblo, gobierno del pueblo”. Pero la autodeterminación presupone que existe un pueblo que puede determinar algo, y eso exige, como mínimo, elecciones periódicas, auténticas y con sufragio libre: el estándar que la propia Convención Americana sobre Derechos Humanos reconoce y que Encinas citó sin extraer la conclusión obvia. Cuando un régimen suprime ese mecanismo, invocar la soberanía nacional para justificar el silencio no es respeto a la autodeterminación: es la negación de su condición de posibilidad.El problema de fondo es doctrinal, no coyuntural. La política exterior mexicana ha convertido el principio de no intervención en un escudo universal que se activa selectivamente. México no dudó en pronunciarse con firmeza sobre otros temas hemisféricos cuando le convino políticamente, pero frente a Managua —como antes frente a Caracas— la doctrina Estrada se estira hasta cubrir prácticamente cualquier abuso interno, siempre que no cruce el umbral, deliberadamente alto, de “amenaza a la paz hemisférica”. Es una lectura minimalista y conveniente del derecho internacional que privilegia la estabilidad de las relaciones de gobierno a gobierno por encima de los derechos políticos de los ciudadanos nicaragüenses.Hay además un costo de credibilidad regional. Veintinueve países —la amplia mayoría del sistema interamericano, incluyendo Gobiernos de izquierda y derecha por igual— coincidieron en que la deriva autoritaria nicaragüense ameritaba, cuando menos, una discusión ministerial. Solo Brasil votó en contra, coherente con su propia lectura soberanista, y México se refugió en la abstención, la opción diseñada para no comprometerse con nada. En términos de política exterior, la abstención sistemática ante crisis democráticas del vecindario no proyecta prudencia, sino ambigüedad.Vale la pena notar que Nicaragua ya no es miembro de la OEA desde 2023, lo cual Encinas invocó para argumentar que el asunto debía tratarse “estrictamente como un tema de derechos humanos” y no de seguridad regional. Pero esa distinción, lejos de debilitar el caso para actuar, lo refuerza: si no hay mecanismos de seguridad colectiva aplicables, la discusión ministerial era precisamente el espacio diplomático de menor costo para expresar una posición de principios sin comprometer acción alguna. Abstenerse incluso ahí revela que el problema no es el instrumento, sino la voluntad.México tiene margen para articular una postura que sea a la vez respetuosa de la soberanía y consistente con sus propios principios declarados de democracia y derechos humanos. Ese equilibrio existe y otros países de la región lo han encontrado. Lo que no resiste el escrutinio es apelar a la democracia en la mañanera y, horas después, abstenerse en el único foro donde esa convicción podía traducirse en un voto.gdehoyoswalther@gmail.comX: @gdehoyoswalther