Esta semana que termina, la espiral de presiones de la administración Trump hacia el Gobierno de Claudia Sheinbaum ascendió varios giros y fueron varios frentes desde los que se lanzaron reclamos y amenazas por los casos de narcopolíticos en México. Estos últimos días han sido los de los reproches más directos e inéditos de funcionarios estadounidenses, instruidos por Donald Trump, desde el 29 de abril que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos pidió al gobierno mexicano detener al gobernador de Sinaloa, ahora con licencia, Rubén Rocha Moya y nueve funcionarios y exfuncionarios de aquella entidad por sus presuntos nexos con el cártel sinaloense.En una clara represalia por la insistencia de la Presidenta de que no hará esas detenciones hasta que Washington mande pruebas, salió el director de la DEA, Terrence Cole, quien advirtió que los señalamientos contra Rocha Moya, sólo son el inicio de otras acusaciones contra narcopolíticos mexicanos por su colusión histórica con las mafias. Más grave aún la advertencia del secretario de Guerra, Pete Hegseth, con su insólito llamado a que soldados y marinos mexicanos atacaran a los cárteles para que no fuera necesario que las tropas estadounidenses vinieran a hacerlo a territorio mexicano.Como si fuera también una reacción de inconformidad a la insistencia del Gobierno de Sheinbaum de procesar a la gobernadora panista de Chihuahua, Maru Campos, por violar la Ley de Seguridad al incluir en operativos antinarcóticos a agentes de la CIA, se dio la filtración de la supuesta ejecución extrajudicial cometida, precisamente por la CIA, de un capo del cártel de Sinaloa al que supuestamente le sembraron una bomba que le estalló en su auto en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), que difundió la cadena de noticias CNN, y que ambos gobiernos desmintieron. Pero las sospechas de las acciones encubiertas de esta y otras agencias estadounidenses en México quedaron.Toda esta embestida política desde la Casa Blanca ha elevado el grado de dificultad para la Presidenta en el manejo de esta emergencia diplomática, en la que cada día parece agotarse más su manejo en defensa de la soberanía nacional y de la inocencia de Rocha Moya en sus ruedas de prensa mañaneras.La lectura de muchos, incluso ya al interior de su gabinete y de Morena, es que los duros del movimiento, bajo el argumento de que no debe ceder ante el gobierno de Trump, están ejerciendo fuertes presiones para que no se decida a hacer la limpia de políticos morenistas que han hecho pactos de impunidad con los grupos de la delincuencia organizada, como los allegados a Sheinbaum le aconsejan.Esta indefinición de la Presidenta abre escenarios aún más preocupantes, como que ya no exista esa división interna y Sheinbaum de plano esté decidida a no actuar y seguir haciendo tiempo en espera de que al Gobierno de Trump le surjan otras prioridades. Una postura de altísimo riesgo, y que estaría asumiendo más para cuidar los intereses políticos de su movimiento, pero no así los del país. Ojalá ese dilema presidencial no esté resuelto para ese lado.