Jueves, 30 de Abril 2026

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Una secuela muy “a la moda”

Por: Arturo Garibay

Una secuela muy “a la moda”

Una secuela muy “a la moda”

Han pasado 20 años de “El diablo viste a la moda”, una película de resonancia incontestable en el acervo de la comedia estadounidense del siglo XXI. Miranda Priestly (Meryl Streep), Andy Sachs (Anne Hathaway), Emily Charlton (Emily Blunt) y Nigel (Stanley Tucci) son personajes que hoy forman parte indeleble de la pasarela de la cultura pop; son reverenciados e imitados por sus fans, para quienes el reencuentro con este icónico cuarteto será bálsamo, celebración y ratificación en igual medida.

Antes de escribir cualquier otra cosa, he de establecer que “El diablo viste a la moda 2” me ha parecido una secuela digna. No es, claro, una pieza que alcance las inigualables virtudes de la original, pero sí es una cinta eficiente: su comedia es discreta, pero disfrutable; el elenco muestra que, dos décadas después, sigue teniendo dominio total sobre sus personajes; la atmósfera es totalmente Runway; el tono, la estética y el imaginario son consistentes con los de la cinta original. Hasta ahí, todo bien, todo correcto. Como he dicho, una secuela digna.

Pero la mejor parte de esta “continuación” no es la forma en que reproduce los códigos, dispositivos y “tropos” de la primera cinta, sino el tema que aborda en esta ocasión: el filme es un relato sobre el papel de los medios de comunicación tradicionales, la crisis editorial contemporánea, la imperativa necesidad de contar con un periodismo formal, y la manera en que la prensa de carrera (la prensa profesional, de oficio, de gran combate, ya sea de hard o de soft news) ha tenido que hacer frente a la efervescente oleada de opinionistas, chismólogos, aficionados e “influencers” que pretenden (que fingen) hacer trabajo periodístico.

En “El diablo viste a la moda 2”, Andy se ha quedado sin trabajo en el periódico donde escribía, incluso tras haber ganado un importante premio de periodismo; por su lado, Miranda atestigua cómo su legendaria revista (Runway) ha quedado reducida a una experiencia de swipes, likes, clickbaits, algoritmos caprichosos, posteos efímeros y seguidores erráticos.

El camino de ambas vuelve a cruzarse cuando Andy es contratada como la nueva editora de artículos de investigación de Runway para -en primera instancia- apaciguar un escándalo que ha provocado que Miranda y la revista sean “funadas”, como se dice coloquialmente. Ambas iniciarán una travesía por preservar el carácter formal y profesional del oficio editorial que ejercen, incluso si tienen que navegar contra los intereses corporativos vigentes, los berrinches de los anunciantes, la competencia desequilibrada y el cambiante entorno informativo. Todo esto, claro, con el lenguaje de una comedia ligera, accesible, de entretenimiento, de cine pret-à-porter.

De este modo, el filme dirigido nuevamente por David Frankel apuesta no solo por la diversión accesible, por una trama cómoda y por armarnos un reencuentro sin fricciones ni confrontaciones con sus personajes; también aprovecha su escaparate para invitarnos a pensar en el vacío vital que quedará si permitimos que el periodismo entendido y competente sea devorado (o “sustituido”) por remedos artificiosos que parecen periodismo, pero que no lo son.

Para mí, “El diablo viste a la moda 2” fue una experiencia agradable y completa. La peli me pareció entretenida (menor que su antecesora, sí, pero es que no hay manera de igualar a semejante titán) y, al mismo tiempo, me sorprendió al aportar una revisión (como parte de su telón de fondo, de su entramado contextual) de un tema que me preocupa y ocupa en este momento. Ojalá que también la disfrutes.

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