Al mismo tiempo que el gobierno quiere imponer la censura, la Presidenta recibe a Pietro Parolin, el secretario del Estado del Vaticano. Todo en el marco de los 100 años, exactamente, de que el gobierno de Plutarco Elías Calles, el fundador del PRI, provocó con su persecución religiosa, el cierre de los templos católicos. El 31 de julio de 1926 cerraron todas las iglesias de México. Arrebatarle la identidad a la nación, exactamente lo mismo que quiere Morena, al pretender robarle el mestizaje. México tiene valores cristianos y habla español; oponerse a esa realidad es buscar ponerle un disfraz obradorista a la esencia de México.La suspensión de las misas, el silencio de las campanadas, sin bodas, bautizos, confesiones, entierros católicos, etc., provocó a la gente para levantarse en armas. La ley Calles, que quería regular la libertad religiosa, es decir, la libertad de pensamiento y expresión. Exactamente, mutatis mutandis, lo que quiere hacer el gobierno de Morena con regular los medios de comunicación y expresión. Calles quería regular el púlpito y los sermones, Claudia quiere regular lo que escuchan las audiencias, el púlpito digital (que una vez “bendijo” López Obrador).El pensamiento religioso nutre el comportamiento, la ética, la visión de la vida, el sentido de la trascendencia, o la relación con el prójimo, lo mismo a un católico, musulmán o judío. Regular la expresión de ideas de la vida, censurarlas, es hacer lo mismo que hizo el caudillo sonorense hace un siglo, con la religión católica que profesaban, entonces, más del 95% de los mexicanos y mexicanas. Autoritarismo.“Al hacerme cargo de la Secretaría de Gobernación el 28 de agosto de 1928, en mi primer acuerdo con el presidente Calles (dice Emilio Portes Gil) le manifesté que, en mi concepto, el problema fundamental que urgía estudiar y resolver era el conflicto… no contra los directores (sic) de la iglesia propiamente, sino contra un sector numerosísimo (sic) del pueblo” (Autobiografía de la Revolución mexicana. IMC. 1964. p.574).Calles, con su agresión a los católicos, y Morena con su sometimiento a la radio y televisión son iguales. Están limitando la exteriorización de pensamientos personales. El único sermón válido es el de las mañaneras desde Palacio Nacional. Fundamentalismo político. Lo debe saber monseñor Parolin, número dos del Vaticano, y esto debería reivindicar la libertad religiosa y la cristiandad en México, atropellada por el PRI de Calles, y lastimada por Morena, como Juan Pablo II hizo en Polonia con su autoritarismo. Si acaso trataron un viaje a México del papa León, deberían canonizar a Vasco de Quiroga, protector de los indígenas y constructor de la identidad mexicana; a Anacleto González Flores, abogado defensor de la libertad religiosa; al Padre Agustín Pro, jesuita, fusilado en la cristiada; y a los mártires del narco sea criminal o estatal, como un homenaje a la paz, y a Javier Campos Morales “el Gallo” y Joaquín Cesar Mora Salazar “el Morita”, asesinados en Chihuahua.