Maestra Miriam Peñúñuri Soto, directora de Vida Universitaria del campus Guadalajara de la Universidad Panamericana Escuchamos con frecuencia que la educación superior atraviesa una crisis de sentido. Hoy tenemos jóvenes brillantes, hiperconectados y capaces de dominar herramientas complejas a una velocidad inédita, pero genuinamente inciertos sobre el propósito de su propio talento. La pregunta «¿qué quiero hacer con lo que sé?» se ha vuelto una gran incógnita en las aulas. Hemos aprendido a hacer cosas rápido y con eficiencia, pero necesitamos la brújula del porqué y el para qué. Este es uno de los desafíos educativos más urgentes de nuestro tiempo, y no se resuelve sumando otra certificación técnica al currículum.En la era de los algoritmos y la automatización, el mercado laboral ya no busca únicamente ejecutores impecables. Lo que la tecnología no puede replicar es el criterio ético, la empatía y la capacidad de dotar de sentido al trabajo humano. Por ello, la verdadera apuesta universitaria debe ser devolverle a la educación su dimensión auténticamente humana: desarrolladores de videojuegos que piensen también en la salud mental de los usuarios y no solo en algoritmos que enganchen más y más, comunicadores conscientes del peso de su narrativa y su influencia social, líderes emprendedores empeñados en crear negocios que resuelvan los problemas de su entorno.Esta formación no surge por generación espontánea ni se improvisa en un taller de fin de semana. Requiere todo un entorno intencional. La formación en valores se cultiva en el diálogo diario en el aula, y también en la disciplina del deporte que forma en virtudes, en el voluntariado que confronta al estudiante con realidades hasta ese momento invisibles para él, en el arte que desarrolla la contemplación y en un acompañamiento personal que reconoce a cada alumno como un proyecto único e irrepetible.Desde su fundación, instituciones como la Universidad Panamericana han apostado por este modelo como una convicción identitaria y no como una estrategia emergente para una época concreta. La premisa es clara y coincide con lo que afirma el Papa León XIV en su encíclica Magnífica Humanitas: “El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa”.En un mundo laboral que valora cada vez más lo que los algoritmos no pueden dar, una formación integral sigue siendo la apuesta más audaz y transformadora que una universidad puede hacer. 5 cosas que un alumno de la Panamericana recibe: 4 rasgos que el alumno desarrolla en su persona: CT